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Flandes. Regreso al pasado

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Tres son las ciudades culminantes de la región: Brujas, Gante y Bélgica, unidas por el arte y otras cualidades. De entre las más bellas de Europa Brujas muestra con esplendor y seguridad sus canales, callejuelas, iglesias, templos y museos. Como si de un escenario de un cuento se tratara, el visitante se sentirá envuelto por el protagonismo romántico de la ciudad. Un tráfico mínimo y un casco tonal en gran medida, hacen que se pueda contemplar con la delicadeza merecida y dan a conocer la exquisita sensibilidad de unos europeos que han sabido dar el verdadero sentido de prosperidad al siglo XX.

Brujas, Gante y Bélgica
Detenerse en Brujas es nombrar innumerables museos y bellas plazas pero lo que la caracteriza de forma singular es el arte del encaje. Ir al barrio de Santa Ana y contemplar a las famosas encajeras es inolvidable.

Bruselas es la capital de Flandes y en ella se percibe la huella de la monarquía de forma especial. El visitante podrá tener el lujo de pasear por una de las calles más antiguas de Europa, de 1846, la galería de San Huberto, a la vez corazón culinario de la ciudad.

Frente al arte tradicional en el que destaca la catedral Santa Gúdula y San Miguel del siglo XIII con vidrieras renacentistas y estilo gótico o el Zavel, barrio de antigüedades de enorme belleza, que ha sabido dar cabida a la modernidad científica. Se trata de Heizel, donde está bregado Atomio Gigante: una molécula de hierro ampliada 165.000 millones de veces.

Y para culminar con el urbanismo más histórico, la ciudad de Gante. Pasear por Gante es pasear por la historia completa de Europa, ¿se puede decir más?. Son tres las torres que marcan la arquitectura de la ciudad y es la catedral de San Bavón la más impresionante. Su unificación del románico, gótico y barroco merece una visita. Si además añadimos que Carlos V fue bautizado en 1500 en ella y que allí se muestra la Adoración del Cordero Místico de los hermanos Van Eyck, el visitante no puede resistirse.

Gante tiene un encanto especial proporcionado por el Lys, río que la surca. Pasear plácidamente por la ladera de éste produce descanso y belleza por el conjunto que rodea al agua dulce. Junto a él, los barrios Graslei o Korenlei con casas de los siglos XII hasta el XVII que se reflejan en el río. A modo de confluencia, el visitante encontrará la fortaleza medieval del siglo XII construida por los condes de Flandes: la impresionante Gravensteen. Para aquellos que busquen lo más autóctono, Gante celebra sus fiestas el 21 de julio. Diez días de cultura pueblan sus calles.

Pero Flandes no es sólo conservación arquitectónica. El verde de sus alrededores luce un esplendor armonioso con la forma de vida de sus habitantes, gentes serenas y amigables de la naturaleza. Brezales color violeta, bosques y prados llanos y ondulados que propician las rutas más saludables: a bicicleta o a pie, todas bien señalizadas y que llevan siempre lo más pintoresco.

Para aquellos que persigan la costa, Flandes muestra numerosas ciudades bien abastecidas y bellas a las que llegan las olas. Es el caso de Ostenda, la reina de las ciudades balnearias que posee la armonía de saber conservar la historia al tiempo que se muestra como enclave actual y marino.

Sin duda, Flandes es el equilibrio de la modernidad bien asimilada. Una sabiduría que viene de antaño y que se traduce en belleza intemporal.