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La península estaba poblada ya en el paleolítico por cazadores que perseguían mamuts y ciervos, como atestiguan ciertas pinturas y grabados rupestres. Entre los años 3000 y 1800 a. C., la caza y la recolección dan paso en esta zona a la agricultura y a la ganadería; aparece así la cultura megalítica, cuya población se organiza al abrigo de campos fortificados. Se descubre el arte de la piedra pulimentada y se desarrolla un extraordinario culto a los muertos. Numerosos menhires, algunos de los cuales pesaban cien toneladas, cairns (construcciones de piedra que cubrían uno o varios dólmenes) que podían alcanzar los setenta metros de longitud y dólmenes formados por bloques de veinte toneladas se alzaban en todo el conjunto de la región.
El fin de este periodo representó una apertura al mundo a través del valle del Loira o del mar. Entre 1800 y 600 a. C., en plena edad del bronce, la Armórica poseía una civilización brillante que comerciaba con el norte (Germania y Escandinavia) y con el sur (península Ibérica). Produjo, entre otras cosas, hachas de mango y espadas de original factura. La importancia de los depósitos de bronce encontrados da prueba de una fehaciente prosperidad. Cuando los celtas, huyendo de la presión germánica, penetran en la península armoricana, allá por el año 500 a. C., ya se encuentran enhiestos los megalitos que ellos mismos adoptaron como monumentos funerarios e iniciáticos.
Hábiles en todos los campos, los celtas modificaron drásticamente la economía armoricana imponiéndose a la población autóctona y organizándose en ciudades. Así aparecen los namnetes en el norte de la región de la actual Nantes; los vénetos en Morbihan, los osismos en Finistère, los coriosolitas en la Côtes-d'Armor y los redonos en el noreste de la península. En el 57 a. C., los romanos intentaron terminar la conquista de la Galia, pero los poderosos vénetos, excelentes marinos, se opusieron. Presentaron asimismo, resistencia en tierra, pero contra todo lo esperado, fueron derrotados en el mar un año más tarde. La Armórica se volvió galorromana, sacando provecho así de la pax romana. Unos y otros parecían vivir en concordia sin perder su identidad. La actividad agrícola era intensa y el comercio floreciente.
Las apariciones de Kerizinen
Además de ser romántica y antropológicamente grandiosa, La Bretaña francesa es un lugar estupendo para la espiritualidad. A la joven Luisa Ramonet se le apareció la Virgen del Rosario y desde entonces, setenta y una veces ha vuelto a aparecer a diferentes personas con distintos mensajes. Cuenta la historia que en un mensaje la Santísima Virgen dijo lo siguiente: "Quiero aquí una capilla, para renovar los milagros que ha hecho mi hijo en otros lugares, de manera especial a favor de los pecadores". En efecto, en el año de 1955 y con las debidas licencias eclesiásticas, se levantó una capilla en ese lugar.
En Kerizinen, como en otros muchos lugares de apariciones marianas, se han dado múltiples fenómenos solares y curaciones prodigiosas constatadas médicamente. Obedeciendo a los mensajes de la Virgen, los devotos insisten en el rezo del Santo Rosario como arma poderosa y eficaz.