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Budapest, mosaico de culturas, de amor y desgracia

Budapest es la unión de dos ciudades (Buda y Pest), todavía separadas por el Danubio, testigo durante siglos de batallas ganadas y perdidas, de soñados romances y de secretas conspiraciones. Buda representa la nostalgia por un tiempo pasado que la distancia embellece, Pest es la rebeldía de aquel no se contenta con la vida que el destino ha tejido para él. Un mosaico viviente en el que han sido protagonistas el pueblo húngaro, alemanes, judíos, eslovacos y polacos. Ellos han convertido Budapest en una de las ciudades más fascinantes del viejo continente.

PILAR MUÑOZ / UNO CONTENIDOS
Una de las cosas que más llama la atención de Budapest es su auténtica simbiosis, en cuerpo y alma, con el Danubio. Tal vez sea porque este viejo río la ha obsequiado con una transformación sin igual, convirtiendo su arrogancia en solemnidad, susurrándole al oído poemas escritos para ella por los muchos amantes que se dejaron seducir por sus callejuelas, sus pintorescos rincones, y su pueblo. Viajeros llegados en el siglo X de Centroeuropa desde las estepas asiáticas. Guerreros, jinetes y cazadores, pero lo suficientemente abiertos como para convivir con infinitas aportaciones de todo el mosaico de pueblos de la región, entre ellos alemanes, judíos, checos, eslovacos y polacos.

Budapest

Divididas por el gran río, protagonista de excepción de sangrientas batallas, camino para la salvación de pueblos enteros y vehículo para el desarrollo comercial de la zona, Buda y Pest nacieron tan diferentes como la noche y el día. Situada sobre la colina, Buda es la vieja ciudad medieval, mientras Pest es el ensanche de la gran urbe que surgió cuando la ya unificada Budapest se convirtió en segunda capital con Viena de un gran imperio.

Los dos lados de la ciudad, en la que viven dos millones de personas, están conectados por medio de siete puentes de tráfico vial y peatonal y dos ferroviarios. Toda su historia, llena de rebeliones y héroes fascinantes, pero también de hechos que intentan ser borrados del imaginario colectivo, como la deportación de la inmensa comunidad judía de la ciudad, está presente hoy en la ciudad. Iglesias, sinagogas, antiguas mezquitas rediseñadas, museos dedicados a las desventuras de este pueblo luchador pero melancólico se reparten por doquier.

Siempre que no coincidamos con el Festival de la Primavera, que se celebra en el mes de marzo, dispondremos del tiempo necesario para descubrir toda la riqueza artística y la enorme oferta cultural que pone a nuestros pies Budapest. Pero si no es así nos encontraremos ante un gran dilema al tener que elegir entre la generosidad natural de esta ciudad y una oferta interminable, no exenta de calidad, de obras teatrales, conciertos de ópera, ballet y conciertos de música contemporánea. Y es que Budapest transmite música por cada uno de los poros de su desgastada piel.

El arte, entre la tradición y la modernidad
La National Gallery es sin duda la mejor elección para comenzar ese viaje al pasado a través de las calles de esta mágica ciudad. En él conoceremos la evolución del arte húngaro de la mano de sus artistas más reconocidos. No muy lejos, se encuentra la Iglesia de San Matías. El más claro ejemplo del mestizaje cultural que durante siglos ha enriquecido Hungría. Construida en el siglo XIII, fue en aquella época escenario de innumerables casamientos reales. Entre los años 1542 y 1580 fue convertida por conquistadores turcos en una mezquita, para ser posteriormente reconstruida en estilo neo-gótico. Está considerada como una de las iglesias más exóticas de Europa por su decoración.

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