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Ibiza: la isla encantada

Ibiza es como una ilusión abierta a la eternidad, un mundo armónico donde lo urbano y lo rural conjugan con rara perfección. Es una isla feliz, abierta y tolerante donde se vive según el ritmo que marca la madre Naturaleza y donde se da una medida distinta del tiempo y del espacio. Ibiza sabe a sal, huele a playa, a romero y lavanda, la música de las discotecas de moda se funde con el rumor de las olas y sus paisajes interiores. La explosión de colores de sus puestas de sol, la sobria belleza de sus casas centenarias, los mil y un azules de sus calas invaden los ojos del visitante. Y ninguno de los más de cinco millones de turistas que visitan cada año estas calas olvida el tacto de la suave arena de sus playas.

PILAR MUÑOZ / UNO CONTENIDOS
Ibiza

Ibiza

La isla se divide administrativamente en cinco municipios: Eivissa, la capital y en la que vive casi la mitad de la población de la isla, casi 32.000 habitantes a pesar de su poca superficie; Sant Antoni, que posee el puerto más próximo a la península; Sant Josep, el más extenso en territorio y con el pico más alto de la isla, sa Talaia de Sant Josep, con 475 metros. En el municipio de Santa Eulália se respira paz y un ambiente de pequeña y acogedora ciudad, mientras que en el menos poblado, Sant Joan, gran parte de sus habitantes viven dispersos en fincas dedicados a las labores del campo. La austeridad y el reloj de las estaciones del año marcan el ritmo de sus vidas, al igual que lo hicieron con las de sus ancestros.

La capital de Ibiza es un compendio de ambientes y propuestas de ocio. A pocos minutos de la ciudad se encuentran las playas más urbanas de la isla. La bahía de Talamanca se abre al suroeste y es tranquila y familiar. Entre Talamanca y el faro de es Botafoc se encuentra sa Platja d'es duros, que recibe este curioso nombre porque en ella se encontraron numerosas monedas de oro, cuya procedencia atribuye la leyenda a un naufragio. El pequeño puerto de ses Figueretes está situado junto al paseo marítimo y la playa del mismo nombre. Más allá y en dirección a Sant Josep, está Platja d'en Bossa, una larga playa con múltiples servicios y posibilidades para la práctica de deportes náuticos.

Las largas playas de la isla invitan a correr por sus blancas arenas, sumergirse en sus tibias aguas. La sinuosa costa ibicenca alberga recodos paradisíacos, playas de arena blanca y calas salvajes a lo largo de sus 210 kilómetros. El turista náutico dispone en la isla de una infraestructura de calidad, que se reparte entre cinco puertos deportivos y dos clubes náuticos.

La ciudad de Eivissa reúne en su escasa superficie una amalgama de atractivos desde la ciudad antigua, a los barrios pesqueros de sa Penya y la Marina, que se han transformado en las últimas décadas en una zona comercial y de ocio nocturno pero sin perder el encanto de barrio en el que todo el mundo se conoce. El mercadillo hippy se instala todas las tardes desde mayo a octubre en las callejuelas del puerto, junto a tiendas de moda, complementos y regalos. El paseo de Vara de Rey es el corazón de la ciudad durante el día. Allí hay varios bancos, boutiques y la emblemática terraza del Montesol. Tampoco hay que olvidar visitar la plaza del parque, un oasis de paz en plena ciudad, con bares, cafeterías y comercios de decoración. En esta plaza se encuentra además, una barbería antiquísima.

El placer de degustar pescado y marisco fresco o los sabrosos arroces de la cocina tradicional ibicenca está al alcance de la mano del visitante y en restaurantes enclavados entre rocas o en tranquilos parajes marineros de la isla. Las playas más cosmopolitas como ses Salines y es Cavallet, reúnen un gran número de establecimientos donde se ofertan las ensaladas multicolores, sabrosos pescados a la plancha o a la sal, mariscos, suculentas carnes, así como paellas. La infraestructura gastronómica en la costa de Ibiza cuenta con restaurantes capaces de servir sus mejores platos a las lanchas y yates que fondean en las playas. Una imagen sorprendente y que provoca más de una sonrisa entre los bañistas es el continuo ir y venir de embarcaciones neumáticas con camareros portando bandejas con manjares o paellas desde los restaurantes de la playa a los clientes que desean disfrutar de la intimidad de sus barcos.

La historia
La historia de Ibiza comienza a escribirse 1600 años antes de Cristo, cuando se construyeron unos rudimentarios poblados en forma a de círculos de piedra. Pero no se relaciona cronológicamente hasta el 654, en que Cartago funda Ebusus, siendo Diodoro Sículo quien nos proporcione la primera referencia ya que llama a la isla "Pitussa" a causa de la multitud de pinos que en ella crecen. Con los fenicios floreció la cultura y la economía. Además, allí se encuentra el mayor museo púnico del mundo.

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