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Transiberiano: Moscú-Vladivostok. Romántico viaje por tierras de zares

Nos enfrentamos a una aventura clásica, un viaje con el que recorreremos toda Europa de Oeste a Este. Un viaje cuyo origen se remonta a la época de los zares y que promete ser una experiencia única e inolvidable.

BEATRIZ MARTÍNEZ / UNO CONTENIDOS
Transiberiano

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Partimos de Madrid en dirección a Moscú, montados en un viejo y sucio Tupolev, el "jumbo comunista". Una vez llegamos al viejo aeropuerto donde el caos de las colas camino a la aduana se acumula, las maletas van pasando una a una para el registro en un proceso que parece que nunca se acaba. Los turistas se mezclan con los ciudadanos rusos que van y vienen deambulando.

Hemos decidido seguir un viaje organizado para evitar sorpresas si bien, este viaje se puede realizar sin un plan establecido. Sea como sea, nuestro visado contendrá una serie de vales de comida y alojamiento que iremos canjeando a lo largo del trayecto. Esto incluye pensión completa y alojamiento en diferentes hoteles.

Al llegar a la estación el tren ocupa casi un kilómetro de andén, enfrente, con la mirada perdida provocada por las largas esperas, aguarda una muchedumbre en la que se entremezclan turistas y rusos, cuyas mujeres cubren su cabeza con pañuelos. Estas trasladarán los 100 Kg de carga que lleva cada una envueltos en coloridas telas.

Cuando suena la sirena accedemos a este viejo medio de transporte, el tren se llena hasta los topes. Dentro nos espera una pequeña cabina, con cuatro camas. Podemos alquilar un departamento de primera o de segunda clase, la tercera clase está prohibida para los occidentales. En esta clase solo viajan mongoles rusos y chinos. Nosotros nos decidimos por una de segunda clase. Estas cabinas apenas tienen 6 m cuadrados por 2 y medio. La cabina de cortinas raídas, flores de plástico y paredes cubiertas de madera barnizada presenta un aspecto poco acogedor. Cada vagón tiene su inodoro, aunque no tiene ducha. El olor a comida y vodka nos invade, justo lo necesario para sobrevivir a una semana de viaje en el interior de un departamento del tren.

La comida que podremos degustar en el viaje es bastante completa, aunque el vagón comedor es pequeño podemos degustar por 55 dólares americanos, un menú compuesto por Soljanka (sopa), filete Strogonoff, albóndigas con huevos fritos o salchichas, todo con pan y bebida a elegir entre vodka o agua.

La gente es amable y cordial y son numerosas las visitas de los otros viajeros a nuestro departamento, en cada visita los ocupantes ofrecen sus pocas posesiones a los otros viajeros y podemos ver como estas gentes mojan la miseria de un país en crisis en vodka barato.

Comienza la aventura
Al inicio del viaje pasaremos por los suburbios de Sverdlosk, donde fueron asesinados la familia Romanov y donde nació Boris Yeltsin. Siguiendo nuestro camino hacia el Este, nos introducimos en Siberia donde las anchas extensiones de praderas y bosques son interrumpidas por ciudades industriales de arquitectura socialista.

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