Monastir, una invitación al descubrimiento

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Una ciudad de palmeras, tradiciones y mezquitas, pero también de lujosos complejos que se alinean a lo largo de la costa de Dkhila, de Skanes; o de su aeropuerto internacional Aviv Bourguiba, el nuevo puerto deportivo, el palacio de congresos, la excelente red de carreteras, la línea de metro o el importante centro universitario. Una ciudad que combina lo mejor de su pasado, con lo innovador y práctico del presente.
Importancia del pasado
De Monastir hay un pasado espléndido, cuya relevancia y peso histórica reluce con la edificación de un Ribat, en el siglo VIII, un monasterio concebido también como retiro místico y como fortificación militar. Pero la edad de oro de Monastir vendría en el siglo XI, cuando Kairouan perdió su rango como capital de los Fatimidas.
Y de más atrás quedan vestigios de las murallas romanas, de cuando Monastir era llamada Rous Penna y que se consolidó como cabeza de puente durante la campaña africana de Julio César.
Además de la belleza del Ribat, también en Monastir residen mezquitas de enrome belleza. Así, la Zaouia de Saïda es una mezquita funeraria enclavado en un Ribat ya desaparecido. De más reciente construcción es la mezquita de Bourguiba, de 1963, con una decoración muy cuidada donde se muestra una hermosa arquitectura y arte tradicional.
Por las calles de la medina se evoca también la nostalgia del antiguo Monastir de las doce puertas. Callejuelas tortuosas, de pasajes abovedados y callejones de agudo color y de olores intensos, todo un murmullo de actividad. Por doquier están las alfombras, curioso manjar de turistas, así como las joyas y los bailes tradicionales, pero también los son los platos típicos al son de las danzas de beduinas u orientales al ritmo de las orquestas tunecinas.
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