La ruta de los fiordos va desde Bergen a Trondheim. Un espacio de cientos de millas serpenteantes que en el interior del visitante se convierte en una distancia glaciar. Ya la palabra fiordo, procedente del noruego 'fjord', define un antiguo valle ocupado por las aguas después de la fusión del hielo. Su característica principal y lo que los hace únicos para el resto del globo terráqueo, es su penetración en el interior de la tierra y lo escarpado de sus costas.
Un viaje en el tiempo que no sólo está hecho de frío. Los noruegos, habitantes en armonía con su ecosistema, gozan de aquel espacio como si de una casa abierta al cielo se tratara, integrándose en ella de la manera más civilizada. Así, sorprende la identificación humana a su orografía, concediendo a cada fiordo un nombre propio vinculado, en algunos casos, con su tradición más misteriosa y entrañable como es el caso de los "trolls".
Un lugar al filo de lo inmaterial en el que el visitante puede tomar conciencia de lo que es flotar en todos sus sentidos: navegar corporalmente y dar rienda suelta al ensueño serán sus armas básicas de viaje. El color y los matices luminosos que los glaciares emiten pronuncian el secreto de una tierra habitada por lo humanamente desconocido. De esta manera, es un itinerario que se precipita sobre aquellos viajeros de personalidad intrépida, más aventureros y que vinculan turismo a naturaleza y conocimiento.
Como si de adentrarse en una acuarela virtual se tratara, los fiordos se debaten acuáticamente entre las diferentes tonalidades de azul y verde. Su formación es tan precisa que requiere de unos once metros cúbicos para formar un metro de una lengua de hielo glaciar. La transparencia de las aguas despunta con un contraste inigualable al filo de la oscura roca. El verde es aquí esmeralda; el azul intenso y el gris que a modo de manto vigila tan sigiloso paraje, contiene la profundidad que la vida acuática abarca.
El viaje por mar más hermoso del mundo
La ruta comienza en la que es la segunda ciudad de Noruega: Bergen. Importante puerto comercial y pesquero, situado en la pequeña península del fiordo de By. Este lugar tiene una doble atracción para los amantes de la música. El compositor Edvard Grieg nació en dicha localidad, siendo el representante de la música más autóctona.
A partir de aquí, son dos mil quinientas las millas que quedan para llegar hasta el norte y más allá del norte: Kirkenes. Un espectáculo cómodo que la compañía Expreso de la Costa se encarga de hacer algo para el recuerdo. Ésta goza de su propia leyenda: en el año 1881 el asesor nacional de buques, August Kriegman Gran, pensó en la posibilidad de establecer un servicio marítimo que uniera Trondheim y Hammerfst. La oferta fue rechazada por multitud de empresas navieras por considerar la navegación imposible en los meses de invierno. Fue en 1893 cuando la compañía Vesteraalens tomó la arriesgada iniciativa como viable y en ese verano un barco de vapor recorría la ruta con nueve escalas. El barco se hizo popular y los habitantes del norte esperaban la llegada de éste como si de un milagro se tratara. Aquí se 'rompió el hielo' de tan temido trayecto para otras compañías, que comenzaron a animarse a realizarlo ellas también.