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Fiordos. De cuando la tierra era agua

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Bergen se convirtió así en el puerto de salida más meridional del Expreso de la Costa, sumándose en el año 1914 el puerto de Kirkenes como posibilidad real. Si la razón principal fue el transporte de mercancías, pronto se pensó en el turismo, ya que la posibilidad de que el hombre pudiera llegar a lugares inaccesibles era algo más que un viaje. Se trataba de cumplir un sueño para los propios pobladores de aquellas regiones que por fin podrían ver con sus propios ojos las maravillosas Islas Lofoten; el fiordo del Troll o el único Cabo Norte. Actualmente esta ruta es conocida como "el viaje por mar más hermoso del mundo".

Hoy en día el crucero por excelencia consiste en hacer escala en treinta y cuatro puertos. El barco se adentra mil kilómetros en el Gulf Stream sin olvidar el siempre deseado lugar culminante desde donde se vislumbra el fenómeno natural del Sol de Medianoche. La naturaleza se hace dueña de los pueblos que esperan a la orilla, siendo verdes en verano y blancos en invierno. Tradicionales enclaves que permiten la improvisación de los trepidantes viajeros, puesto que el barco permite quedarse en el punto de la ruta que se desee, sin necesidad de llegar al final del trayecto marcado. A la hora de volver también hay lugar para la renovación, puesto que una nueva ruta se abre al visitante: la terrestre que permite visualizar desde la altura lo que en el barco era una visión más plana.

La ruta por ferry
Otra alternativa para recorrer los fiordos es la que presenta la modalidad alternativa entre tierra y mar. Aquí son imprescindibles los ferrys que comunican las dos orillas de estos pasillos acuáticos. Es aquí donde se pone a prueba la capacidad aventurera del turista, que tendrá que estar abierto a horarios menos fijos y a dejarse absorber por el descubrimiento de nuevos territorios. Es importante resaltar que conformando una unidad paisajística, los fiordos del norte y los del sur sugieren e invitan a una experiencia turística totalmente diferente.

Los fiordos del sur son más abiertos geográficamente; más amplios y más accesibles. Se encuentran cercanos a ciudades más visitadas y pobladas y mejor comunicadas con el resto de las comunidades y de Europa. Desde ellas es posible navegarlos en recorridos breves y de forma más convencional. Los fiordos del norte, por el contrario, hablan de un recorrido más misterioso; introduciendo al visitante en las proximidades del Círculo Polar Ártico. Esta zona no está directamente vinculada al turismo, sino al desarrollo industrial y tecnológico de sus ciudades, que se muestran más sobrias y severas. Recientemente se ha iniciado un proceso de expansión de cara a los visitantes, que pretende satisfacer a viajeros con alma más de exploradores que de turistas.

Entre soles y ballenas
La más gratificante culminación de este trayecto viene de la mano de la contemplación del mítico sol de medianoche en el Cabo Norte. Lugar emblemático por ser el extremo más cardinal de la placa continental. El fenómeno, que se da únicamente entre el 15 de julio y el 15 de agosto, consiste en que, tras su recorrido diurno, el sol alcanza el horizonte sin llegar a ocultarse y se eleva de nuevo hasta su cenit, provocando un efecto luminoso que persiste durante toda la noche y la madrugada. El crucero norteño invita también a acercarse al archipiélago de las Islas Lofoten, emergentes montañas de tres mil millones de años de antigüedad, siendo así de las más viejas del mundo. En ellas los pueblos pesqueros siembran el lugar, incorporándose al rotundo silencio de una tierra más allá de la tierra.

Y para aquellos que deseen incorporarse a la vida de las ballenas, los diferentes touroperadores facilitan una excursión extra donde es imprescindible permanecer paciente para que los saludos y coletazos de estos grandísimos mamíferos rodeen la embarcación desde donde les observamos. Una experiencia inolvidable para los amantes de la naturaleza más primitiva.