Bangkok

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Bangkok es la capital de Tailandia en todos los sentidos. Aquí reside la Familia Real, se asienta el Gobierno y la Administración, y es el mayor centro de actividades industriales, comerciales y financieras del país. Es el puerto principal del reino y alberga a la décima parte de su población. Bangkok es también la puerta principal del país y la atracción más importante para el turismo. |
MARÍA JOSÉ FRAILE / UNO CONTENIDOS
Al jugar un papel tan importante, es lógico que Bangkok cargue sobre sus espaldas el peso del rápido crecimiento económico actual. Por este motivo puede parecer una ciudad caótica y desconcertante. Su silueta está formada por elevados edificios de oficinas, apartamentos, hoteles de lujo, grandes almacenes y centros comerciales, mientras las calles bullen de actividad. También aquí hay templos exóticos y otros monumentos maravillosos, y el verdadero carácter de lo que es una ciudad oriental de leyenda se pone de manifiesto en su propio nombre, Krung Thep, que significa "Ciudad de los Ángeles" y es el primero de una larga lista de títulos con los que se la ha denominado, tantos, que figura en el libro Guinness de los Récords como el lugar que tiene el mayor número de apelativos del mundo. Pero para los thais, Bangkok siempre ha sido Krung Thep, el corazón espiritual, simbólico y físico de la nación.
Asentada sobre el Chao Phraya, el Río de los Reyes, Bangkok se extiende sobre una llanura de aluvión. En sus comienzos fue una pequeña estafeta de correos ribereña, pero en 1782 el rey Rama I la convirtió en capital. En los dos siglos siguientes se desarrollo tanto que se convirtió en lo que es hoy: una cuidad que conserva su antigua gloria, pero con el dinamismo moderno. El éxito de la mezcla entre lo antiguo y lo nuevo expresa el respeto duradero que los tailandeses sienten por la tradición y su exuberante compromiso con el progreso.
La influencia del pasado y las duraderas fibras del tejido social no se reflejan sólo en lo estático. Tienen su continuación en la vida diaria, a la que impregnan. Por ejemplo, una hilera de monjes vestidos con túnicas azafranadas paseando a primeras horas de la mañana y pidiendo limosna constituye una imagen cuya esencia no ha alterado el paso del tiempo. El telón de fondo de los altos edificios actuales sirve únicamente para realzar lo exótico e intemporal de la escena, y la ciudad gana en definición. Hay muchas cosas que descubrir, y a los monumentos más famosos de la capital hay que añadir una larga lista de lugares menos conocidos que guardan un gran interés.
El templo del Buda Esmeralda, en cuyo recinto está el Palacio Nacional, ocupa el primer lugar de la lista, aunque no hay que olvidar que en Bangkok hay más de 400 templos, cada uno de los cuales posee su propia fascinación. Wat Rajabopit, por ejemplo, destaca por su estilo y decoración insólitos, mientras que Wat Suwannaram contiene pinturas murales exquisitas. Algo parecido ocurre con los museos. El Museo Nacional es tan excelente como extenso, y tan impresionante como lo son en su propio estilo la casa de Jim Thompson, el palacio de Vimanmek y el Wang Suan Phakkard, todos los cuales albergan colecciones de arte en un marco privilegiado. Cruzar el río Chao Phraya y los canales que quedan de aquellos que hicieron de Bangkok la Venecia del Este, permite echar un vistazo a las tradicionales formas de vida ribereñas y entrar en la historia y el carácter de esta ciudad maravillosa.
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