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UNO CONTENIDOS Sintra es uno de esos paraísos donde la mano divina se esmeró, esculpiendo la naturaleza de manera sublime, como queriendo dejarnos sorprendidos, rendidos a la belleza de la Obra. Ejemplo de su magnificencia, el Monte da Lua. Conocida en la Antigüedad Clásica como Monte da Lua, o Promontrium Lunae, por la fuerte tradición de los cultos astrales todavía visibles en innumerables monumentos y objetos arqueológicos, la Sierra de Sintra es un macizo granítico con aproximadamente 10 kilómetros de longitud, que se eleva, abruptamente, entre una enorme planicie al Norte y el estuario del Tajo al Sur, en una cordillera en serpiente que entra por el océano Atlántico hasta formar el Cabo da Roca, la punta más occidental del continente europeo. Venerada por el hombre a lo largo de la historia, la Sierra de Sintra presenta hoy un conjunto fabuloso de monumentos desde la prehistoria hasta nuestros días, lo que demuestra un respeto impar y una tolerancia cultural enorme, tal vez la razón principal por la que Sintra fue consagrada Patrimonio de la Humanidad. Compitiendo con la diversidad monumental, hay que destacar la riqueza ambiental de esta Sierra. Gracias a su micro-clima, aquí se encuentran algunos de los más bellos parques de Portugal, que le dan un semblante magistral en el salpicado cromático de verdes. Así, puede el visitante bajar al Neolítico por la Tholos do Monge; disfrutar los horizontes en las murallas del Castillo de los Moros, construcción guerrera árabe del siglo VIII; sentir la verdadera austeridad de los monjes franciscanos del Convento de los Capuchinos; pasearse por los misterios del Palacio da Pena, edificio mítico-mágico que parece la prolongación de la propia montaña, y sensibilizarse en los dulces rincones del Parque de la Pena, donde se transpira paz y serenidad. La Costa de los Tritones
Rico en fauna marítima, en la que abunda el rodaballo, el sargo, la dorada, el pulpo y muchas otras especies, los pescadores pueden disfrutar en el litoral sintrense de buenos momentos de pesca. Desde el Cabo da Roca, donde el visitante puede obtener un certificado de su presencia en el punto más occidental del viejo continente, hasta la playa de São Julião, los atractivos son muchos y variados. Visitas indispensables merecen la Piedra de Alvidrar, la roca resbaladiza que desliza por el acantilado, casi en perpendicular, con aproximadamente ochenta metros, y que los jóvenes naturales bajan y suben en un ritual peligroso; el Fojo, figura vertical que comunica con el mar; la Praia Grande, deliciosa por su enorme arenal y curiosa por sus sesenta y seis pisadas de dinosaurio; la Praia das Maçãs, estancia balnearia por excelencia, que muestra un típico tranvía; y, sobre todo, Azenhas do Mar, población de características únicas donde el hombre y la Naturaleza se unen en una simbiosis perfecta. El Triángulo de las Dunas
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