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Sintra: el edén de Portugal

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El Triángulo de las Dunas
Colares, población ancestral, domina una de las más bellas zonas de la región de Sintra, donde se destacan, geográficamente, el Río das Maçãs, en cuyas márgenes se cultivan los deliciosos frutos de Colares; y el alto arenoso que se extiende hasta el litoral en dunas estratificadas. Es en esos terrenos de arena donde se produce la famosa casta Ramisco, responsable de uno de los vinos más delicados y apetecidos de Portugal.

Pero si estos ya eran motivos suficientes para una visita a la región, hay otros motivos que exigen un viaje a la zona. Así, merece una mirada la iglesia parroquial de Colares; un salto a la misteriosa ermita de São Mamede de Janas, de curiosa planta circular; y pasear por las calles de Fontanelas y Gouveia, aldeas de características rurales, con una arquitectura popular predominante.

El centro histórico
El aglomerado urbano que constituye la llamada Vila Velha (Villa Vieja), proporciona, por su antigüedad y heterogenia, un apasionante paseo por el pasado histórico donde se puede sentir y admirar las diversas épocas que dirigieron el fluir humano.

Todavía manteniendo características urbanas de raíz medieval, de calles estrechas y laberínticas, escalinatas y arcadas que le dan un semblante misterioso, la Villa de Sintra es dominada por el Palacio Nacional, principal conjunto arquitectónico sintrense y la más fascinante construcción áulico-real que subsiste en Portugal. Se trata de un Palacio que no ha sido concebido de una sola vez ni en una sola época, pero sí de una armoniosa y seductora suma de partes distintas, edificadas en sucesivas fases al sabor de estilos dispares. Y es ese conjunto de múltiples gustos y mentalidades lo que, en gran parte, contribuye a la extraña belleza de este palacio.

Además, otros monumentos de gran dignidad e interés histórico pueden ser admirados en el perímetro del centro urbano: la Torre del Reloj; la Iglesia de San Martín; el Palacio de Ribafría; el Convento de Trindade; la Iglesia de Santa María; un notable conjunto de fuentes ancestrales, como son las de Pipa y Sabuga; también la Judiciaria, conjunto de casas donde habitaban los seguidores de la Ley de Moisés...

Las piedras y los hombres
La región de Sintra posee uno de los más ricos aglomerados monumentales de la civilización megalítica, el conjunto de Tholói, formado por monumentos funerarios del Neolítico, varias antas y dólmenes extendidos por la región, menhires, sobre todo en la estación de Barreira, todos ellos, aliados a una serie de vestigios cuya importancia arqueológica es importante conocer. Pero, para tener una visión más completa de épocas pasadas de la Historia del Hombre en territorio sintrense, merece visita obligatoria el Museo Arqueológico de São Miguel de Odrinhas.

El habitante autóctono actual de los campos rurales de Sintra presenta, por su cultura propia, sus tradiciones y su modus vivendi, particularidades interesantes. El conocido saloio, palabra que deriva del árabe çahrói, todavía vive al ritmo de la Naturaleza, entre el mar y la sierra, con su arquitectura popular continuando el paisaje, el folklore típico y variado, la artesanía local con características ancestrales, donde se destacan las cestas y los barros. Aquí, el hombre es la Naturaleza, porque vive de acuerdo con ella.

En la mesa
Para un pueblo con un pasado tan rico como es el caso de los saloios sintrenses, los aspectos gastronómicos adquieren un fuerte valor tradicional que importa preservar y fomentar. Variada y abundante, la culinaria de la región es capaz de abrir el apetito de cualquier comensal.

De los platos de carne, se destacan el lechón de Negrais, la carne de cerdo Mercês, el cabrito y el cochinillo asado. El litoral de la región de Sintra es abundante en pescado fino, mariscos y moluscos. Así, es posible comerse un apetitoso rodaballo o sargo, disfrutar con un pulpo, o saborear mejillones y percebes.

En los dulces, se destacan, inevitablemente, las Queijadas de Sintra, dulce ancestral que viene de la Edad Media. Además, otros hay que merecen ser probados, como los Traveseiros, los Pasteles da Pena, las Nueces de Colares, los Fofos de Belas, así como un conjunto de compotas tradicionales fabricadas siguiendo métodos muy antiguos. Acompañando cualquier comida, es indispensable el vino de Colares, sobre todo su famosa casta Ramisco, uno de los primeros de la gloriosa carta de vinos de Portugal.