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Zamora: una leyenda entre murallas románicas

Conocida como la ciudad del Romancero, Zamora es una ciudad de un carácter claramente turístico que alberga grandes acontecimientos culturales. Pasear por su casco histórico supone transportarse varios cientos de años para situarse en una ciudad medieval, imagen que el paso del tiempo no ha hecho desaparecer en esencia. Ciudad clave del románico, sus murallas, iglesias y edificios civiles son modelos de ese estilo arquitectónico y artístico.

J. FLORES, BÁRBARA NICOLAU / UNO CONTENIDOS
ZamoraLa capital zamorana posee una superficie de 10,5 kilómetros cuadrados con una altitud de seiscientos cincuenta y dos metros sobre el nivel del mar y en la que habitan cerca de sesenta y cuatro mil personas. El clima de la ciudad es de carácter continental.

Con respecto a sus orígenes, su situación, asentada sobre una gran peña que domina el Duero, hace suponer que fue fundada en tiempos remotos. Algunos datos hablan de que fue un asentamiento vacceo, y de su existencia en época romana con el nombre de Ocellum Duri. Es de esta época cuando surge una figura popular, que ha acabado por ser parte de las señas de la ciudad, Viriato. Una imagen del héroe ocupa una de las más bellas plazas de Zamora, que también lleva su nombre, ejemplo que habla de su arraigo en la memoria colectiva de la ciudad.

El origen de su topónimo se remonta hacia la época visigoda, cuando aparece en monedas de los años 610-620 el nombre de Semure. Los musulmanes la llamaron "Azemur" (olivar silvestre) y también "Samurah" (ciudad de las turquesas). El nombre actual aparece en el Salmanticense "como una de las plazas recobradas por Alfonso I a los moros".

Las murallas de Zamora
Pero, sin lugar a dudas, una de las imágenes que más fascina al visitante de esta magnífica ciudad son sus murallas. Edificada sobre las peñas de Santa Marta, éstas sirvieron de cimiento a la primera muralla de la ciudad que se levantó en el 893. Son sus murallas las que consiguieron a la ciudad el apodo de "la bien cercada" por parte de Fernando I, quien reconstruyó la urbe tras haber caído en manos de Almanzor, y la repobló para legársela a su hija Doña Urraca. Para terminar con las frases populares, el intento de Sancho II, hermano de Doña Urraca, de arrebatarle la ciudad sometiéndola a un férreo cerco, hizo acuñar esa paráfrasis de "no se ganó Zamora en una hora".

Las murallas, las puertas de Zambranos o de Doña Urraca y la de Olivares, junto a la casa del Cid, el castillo, las iglesias románicas, los palacios renacentistas y su morfología de calles estrechas y empedradas, presidida por la extraordinaria cúpula de la Catedral, confieren a Zamora un sobrecogedor ambiente medieval. El acceso a esta ciudad medieval desde el sur se realiza cruzando el Duero por el Puente de Piedra. De estilo románico, este puente se levantó entre los siglos XII y XIII a unos cien metros aguas arriba de otro de época romana, del que hoy aún se conservan algunos restos.

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