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El Montseny. Toda una aventura para los amantes de la naturaleza

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A raíz de este interés por su preservación y por su conversión en zona de esparcimiento, en los últimos años se ha dado un importante cambio en el paisaje y en los elementos constructivos que lo componen. Los campamentos, las escuelas de naturaleza o la gastronomía son algunas de las actividades que poco a poco han ido sustituyendo a aquellas más tradicionales que otorgaban al Montseny su auténtico valor como espacio en el cual el hombre y el entorno formaban una unidad. Con una afluencia masiva de cerca de 2 millones de visitantes por año, el principal reto al que actualmente se enfrenta el macizo es hacer compatible el mantenimiento de los valores ecológicos y culturales con las actividades económicas tradicionales y su optimización como espacio dedicado al tiempo libre.

Quizás la mejor opción para iniciar lo que sería una primera aproximación a la realidad del Montseny es coger la carretera que atraviesa el parque en sentido sur-norte. El trayecto se inicia en el núcleo de Sant Celoni para continuar luego por la zona de Santa Fe, en la que se encuentra el embalse más conocido de la zona. Desde este punto, lo ideal es dirigirse hacia el cuello de Sant Marçal para descender de nuevo hasta el núcleo de Viladrau. Este trayecto permite ver muy de cerca las partes más interesantes y emblemáticas del lugar.

Animales para todos los gustos
La cantidad de especies animales inventariadas en el Montseny es realmente importante. La estratégica situación del macizo en un contexto claramente mediterráneo convierte a la zona en límite meridional en lo que respecta a la distribución de los elementos faunísticos. Es por ello que junto a las especies que definen determinados ambientes podemos encontrar también otras más singulares que realzan el interés de la montaña para todo aquel que se acerca a ella para descubrir sus secretos.

El número de anfibios y reptiles relacionados con el Montseny se eleva a más de 30, entre ellos algunos tan frecuentes como la salamandra, el sapo, el tritón del Pirineo o la rana roja. Pero son, sin duda, las aves, las auténticas dueñas de estos parajes. En total, se han contabilizado 200 especies. El halcón, el tordo, el petirrojo, o el merlo de agua son las más conocidas. En cuanto a los mamíferos, el grupo mejor representado es el de los roedores, seguido de los quirópteros y los insectívoros. Destacan la rata esquirolera, el murciélago de cueva, el erizo común, y la musaraña de agua. Entre los carnívoros cabría dictar casi en exclusividad a la garduña, mientras que en el grupo de los artiodáctilos el rey es el jabalí, sobre todo, por la cantidad de ejemplares que moran por estos parajes. Los amantes de las especies acuáticas lo tienen un poco más difícil. La falta de una buena red hidrológica, la introducción de ejemplares foráneos y la contaminación han hecho que las opciones sean prácticamente nulas. Sirva como ejemplo para denunciar esta realidad que en la zona tan sólo han sido localizadas cinco especies, de las cuales el barbo de montaña es el más abundante y mejor distribuido.

Y es que a pesar de tratarse de un espacio protegido, la herpetofauna que habita en la zona podría verse amenazada, de una manera muy especial, como consecuencia de la gran afluencia de visitantes que tiene el Parque durante todo el año, debido principalmente a su cercanía con grandes núcleos de población humana. Un peligro adicional lo constituye el auge de las áreas de picnic que sin un control exhaustivo de los residuos de los visitantes puede llegar a provocar fenómenos muy localizados de contaminación, que pueden convertirse en especialmente graves en los puntos de reproducción de los anfibios. Una consecuencia más de la afluencia turística, es el atropello de ejemplares en las carreteras que cruzan el macizo. Es especialmente vulnerable a ello la salamandra, sobre todo en los días lluviosos y no muy fríos.

Si este conjunto de factores no se controlan, la riqueza faunística del Parque Natural del Montseny, posiblemente, se verá inevitablemente amenazada a medio plazo, especialmente en aquellas zonas más explotadas. De ahí la importancia que tiene el concienciar a los turistas para que se acerquen a este pequeño tesoro de la naturaleza con respeto y extremado cuidado.

La ocupación humana
Aprovechando sus recursos naturales, el hombre ha vivido desde tiempos remotos en el Montseny. Un buen ejemplo de esto lo forman los restos ibéricos de Montgròs, en Brull. La iglesia románica de Tagamanent, la ermita de San Marçal o el mismo castillo de Montsoriu son un testimonio de la edad media. Los campesinos ocuparon primero los sectores más bajos, donde los suelos eran fértiles y el agua abundante, pero a partir del siglo XVI comenzaron a instalarse también en las tierras más altas aprovechando los bosques y las zonas de pastos.

En estas masías de montaña se desarrolló una rica tradición cultural que aún perdura. Sin embargo, en los últimos decenios se ha producido una gran despoblación de la montaña. En la actualidad la población que lo habita mantiene una importante actividad forestal y agrícola acorde con los intereses propios de un espacio protegido. De hecho, el Parque Natural de Montseny forma parte de la red de espacios naturales protegidos, promovidos y gestionados por la Diputación de Barcelona, que conforman un anillo verde, que rodea una de las áreas más fuertemente urbanizadas del país.