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Dublín: paraíso y edén en la isla mágica

Irlanda es tierra de música y canciones. Es un pueblo que ama los placeres grandes y pequeños. Si se viaja a Irlanda debe tenerse muy en cuenta que el viajero jamás olvidará tan singular y ejemplar periplo. En este caso, nuestra propuesta es visitar su capital, Dublín, donde el viajero descubrirá todas las posibilidades que ofrece un país hospitalario, afable y cordial, además de rememorar grandes recuerdos que, a buen seguro, quedarán forjados a fuego en su memoria.

OROSIO CHARCO
DublínDublín, ciudad moderna y pujante en la actualidad, se mantiene vivo el legado de su cultura y su rica historia, forjadas ambas en el devenir de los tiempos pese a las adversidades de un pueblo herido por sucesivas dominaciones. Una estancia en Dublín se puede considerar sinónimo de paz, quietud, serenidad. Es una ciudad donde sigue vivo y presente el espíritu aventurero de sus primeros moradores. Fue en torno al siglo V a. C. cuando los celtas llegaron a estas tierras.

La romanización no se produjo de la misma manera que en el continente, puesto que los romanos jamás llegaron a estos territorios considerados confines inhóspitos del mundo. En el 432 San Patricio llegó a Irlanda, convirtiendo el país en centro y fortaleza de la cultura cristiana. Hacia el año 800 los normandos escandinavos invadieron la isla. En el año 1014 el rey de Irlanda Brian Boru derrotó a los vikingos. En el año 1160 Enrique II de Inglaterra invadió el país que mantuvo con energía su dominio durante años. En el siglo XVI la presión inglesa se recrudeció. Hubieron de pasar más de dos siglos para conseguir la independencia, que llegó con el tratado de Londres en el año 1921. En la actualidad, Irlanda mantiene grandes vínculos con Londres, puesto que los seis condados de Irlanda del Norte siguen formando parte del Reino Unido. En el año 1973 Irlanda entró a formar parte de la CEE.

Dublín
Es la insigne y altanera capital de Irlanda, con casi un millón de habitantes. Es una ciudad abierta, amable, hospitalaria, generosa y ostenta, en su haber, más de 1000 años de historia, rica en grandes personalidades del pensamiento, de la política, de la religión y de la Cultura en mayúsculas. Custodia calles anchas y edificios civiles majestuosos. Combina la belleza y el encanto de los siglos pasados con el progreso actual. Su preeminente posición geográfica le hace ser un sitio privilegiado desde tiempos inmemoriales.

La Bahía de Dublín, donde desemboca el río Liffey, que divide la ciudad en dos, forma una medialuna entre la península de Howth y el pueblo de Dalkey. Hacia el sur, y muy próximo a éste, se localizan las altivas colinas de Wicklow, paraíso de las gaviotas. Dublín aparece citada ya en textos de Tolomeo, allá por el 140, con el sobrenombre de Eblana. Su nombre actual deriva del gaélico Dubhlinn, que significa "estanque negro" aunque la forma gaélica actual Baile Atha Cliath significa "la ciudad del vado de los cañizos", que es más antigua y tiene su origen en los tiempos en que Dublín no era más que un vado importante del río Liffey en el camino hacia la antigua capital Tara, sede del Alto Rey de Irlanda.

En el siglo IX, tras más de 50 años de invasiones normandas, los vikingos escogieron como base naval para sus andanzas y campañas de pillaje a Dublín, que sería, durante 200 años, un centro importante del mundo vikingo. En la batalla de Clontarf del año 1014 se puso fin a la dominación normanda. Las luchas tribales continuaron durante mucho tiempo hasta que fue el rey inglés Enrique II el que tomó Irlanda en nombre de la corona inglesa, en torno al año 1171. El país alcanzaría su máximo esplendor en el siglo XVIII, hecho que se reflejó en la construcción de monumentos. Algunos ejemplos de este auge constructivo se pueden comprobar en los barrios de Fitzwilliam Square y Merrion Square, con las altaneras residencias de estilo georgiano de puertas de vivos colores, que dan al jardín central. En el siglo XIX, y hasta la proclamación de la independencia de Irlanda en el año 1921, Dublín es sede de la administración inglesa. Dublín ha dado al mundo numerosos autores famosos como Swift, Goldsmith, Bernard Shaw, Wilde, Joyce, Yeats, O'Casey, Singe, Beckett, Flann O'Brien y Brendan Behan, entre otros.

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