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Dublín: paraíso y edén en la isla mágica

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Hasta principios de este siglo se pagaba medio penique por cruzarlo, de ahí su nombre. Si nos dirigimos hacia el norte llegamos a Henry Street, la calle peatonal más animada del norte de Dublín, donde se encuentran muchos de los grandes almacenes. Cruzando O´Connell Street se llega a la principal estatua que Dublín ha dedicado a Joyce, en Earl St. En medio de O´Connell Street, la principal calle de Dublín, está el edificio de correos o General Post Office. En el año 1916 tuvo lugar aquí el alzamiento nacional que permitiría, años más tarde, lograr la independencia del Reino Unido. En el año 1922 fue de nuevo el lugar estratégico durante los disturbios de la Guerra Civil, y desde entonces es el centro neurálgico de política irlandesa.

Al final de O´Connell Street surge Parnell Square, plaza georgiana irregular que fue centro de Dublín durante el siglo XVIII. Aún se conservan una serie de edificios singulares de la época, como el Rotunda Hospital y el Gate Theatre. En la parte norte de la plaza hay dos museos importantes, la Galería Municipal de Arte Moderno y el Museo de los Escritores, donde se rememoran los lazos literarios de la ciudad y se recogen cartas pinturas, fotografías, manuscritos que trazan la historia literaria irlandesa hasta nuestros días. En North Grat Georges se han rehabilitado varias casas de estilo georgiano, convirtiendo a la que mejor se conservaba en uno de los museos Joyce de la ciudad o James Joyce Center. Al norte de la plaza surgen varias calles con restos de casas georgianas que hace tiempo pasaron a mejor vida. Entre ellas destaca Eccles St. donde residió Leopold Bloom, protagonista del "Ulysses".

En Dublín se encuentra el mayor número de ejemplos de estilo georgiano, desde los grandes edificios públicos como las Four Courts, a las residencias privadas que se concentran alrededor de St. Stephen's Green. De éstas, a menudo no se pueden ver más que las puertas, pero habría que atravesar el umbral de alguna de ellas para descubrir los interiores, aún más bellos. En Dublín no podremos descuidar una vuelta por Fitzwilliam Square y Merrion Square. Fuera de la ciudad, el estilo georgiano se encuentra en las mansiones rurales, muchas convertidas hoy en confortables casas de campo, otras grandiosas, como Russborough, Castletown y Newbridge House en el este, Bantry House en el sur, y Strokestown House en el norte. Sin duda, Dublín alberga todo el saber y la riqueza cultural de Irlanda.

Color y esplendor
Nos encontramos ante un lugar de grandes espacios abiertos y un pueblo isleño abierto al mundo capaz de acoger al viajero como uno de los suyos. En Irlanda se aprende el arte de la relajación en contacto con una naturaleza repleta de paisajes preciosistas y que ofrece un trato exquisito al que lo visita. Es zona de dólmenes y cruces celtas que abundan por doquier. Es lugar de reposo y meditación con sus múltiples abadías milenarias, monasterios y altaneros castillos medievales que nos hablan de los tiempos en que Irlanda era tierra de santos, místicos, profetas y sabios.

No existe una época concreta para marchar a Irlanda. Todas las épocas son perfectas e incluso las estaciones del año no son un handicap para iniciar nuestro viaje. En verano el viajero encontrará maravillosas aguas cristalinas y sus ojos podrán observar con deleite el brillante color verde de todos sus lugares y campiñas. En primavera podrá disfrutar de la deslumbrante luminosidad de sus paisajes, en otoño recrearse con las hojas doradas de los tupidos bosques irlandeses, y en invierno recuperar esa añorada paz interior delante de una animosa lumbre de chimenea. Qué más se puede pedir. La isla está formada por una amplia y plana zona central calcárea, rodeada de macizos montañosos, cubierta de Lagos y surcada por el río Shannon. El país tiene una población de 3.660.600 habitantes. Las principales ciudades son: Dublín (1.000.000 habitantes), Cork (180.000 habitantes), Limerick (80.000 habitantes), Galway (60.000 habitantes) y Waterford (45.000 habitantes). El territorio se divide en 26 Condados. Su clima es templado y el invierno nunca es demasiado rígido.

Notas de viajero
Por toda Irlanda, el viajero encontrará numerosas puertas que le conducirán a épocas pretéritas de inigualable esplendor. Podrá contemplar el magnífico libro de Kells, elaborado por monjes irlandeses que recorrieron el mundo antiguo para difundir el conocimiento de la cultura y la historia. Podrá contemplar los numerosos dólmenes, cruces celtas, monasterios, castillos y otras edificaciones de flamante estilo georgiano que fluyen por doquier. Es en Dublín, su insigne capital, donde que se aúna el esfuerzo de un pueblo por sobrevivir a cualquier dominación. En ella podrá degustar la excelente cocina casera irlandesa o probar un flamante salmón ahumado al roble, o el queso de granja artesanal acompañado del tradicional pan integral, junto con una pinta de cerveza.