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Cuéllar: la villa del mudéjar

Situada al norte de la provincia de Segovia, a 60 kilómetros de la capital y a 50 de Valladolid, se encuentra la villa de Cuéllar en las laderas de una colina, rodeada por una extensa masa de pinares.

JUAN JOSÉ MURILLO / UNO CONTENIDOS
Cuéllar es el núcleo de población más importante de la provincia, con 9.200 habitantes. La industria, especialmente en el sector de la madera, la agricultura, la ganadería y sus derivados, así como el sector de servicios que abastece a una amplia comarca, forman los pilares básicos de su economía.

Cuéllar se define esencialmente como "villa del mudéjar". Cuando paseamos por sus viejas y empinadas calles nos sorprende la gran riqueza monumental que nos han ido dejando los siglos pasados. Desde las primeras cerámicas campaniformes encontradas (1800-1600 a. C.) hasta el último y atrevido diseño urbanístico de la Plaza del Estudio, el paso de la historia ha ido dejando su impronta en las calles y los edificios de la villa. Palacios, casas blasonadas, arquitectura popular, conventos, castillo... y, sobre todo, las iglesias, con sus torres de piedra, marcan y definen el horizonte de Cuéllar.

Repoblada a partir del siglo XI, fue sobre todo en el siglo XIII cuando llegó una época de esplendor económico basado en la economía ganadera de la lana. Esta riqueza permitió que en sólo un siglo se construyeran más de una decena de iglesias mudéjares, tomando el ladrillo como material básico para portadas y ábsides, y utilizando la piedra para la torre y el resto de la construcción. Todas ellas hacen de Cuéllar el núcleo más importante del Mudéjar en Castilla y León.

Mezcla religiosa
Además hay que señalar que fue ésta una población donde convivieron en buena armonía las tres culturas medievales de la península: judíos, moros y cristianos. Fruto de esta convivencia quedan vestigios como la judería o la calle de la Morería, auténticos testimonios en el amplio casco histórico medieval.

Sin embargo, antes de ese siglo ya se había construido la iglesia románica de San Pedro (siglo XI), también, la primera obra del Castillo y gran parte de la doble muralla que envolvía el recinto ocupado por el caserío medieval, con los arcos de ladrillo de San Andrés y San Basilio y el de San Martín, todo en piedra. Otros, como el de Carchena o de San Pedro, no han resistido el paso del tiempo ni de la mano del hombre.

De las iglesias propiamente mudéjares hay que destacar, por su conservación, la de San Martín, restaurada por la Escuela Taller. Es la primera donde se ha podido ver el mudéjar en estado puro, libre de los yesos y escayolas de otros siglos. En San Andrés, con fachadas muy interesantes hay que visitar su gran riqueza escultórica, representada sobre todo por un Calvario románico, sin olvidar las pinturas recientemente descubiertas.

San Esteban nos ofrece el ábside más representativo del mudéjar castellano, así como sepulcros en el interior, de este mismo estilo, pero del siglo XVI. De otras iglesias sólo quedan algunos restos, como el ábside de Santiago, la torre de Santa Marina o parte del convento de la Trinidad.

Varios castillos en uno
El Castillo-Palacio de los Duques de Albuquerque es el edificio emblemático de la villa. Sobresalen en él un amplio Patio de Armas y la galería en la fachada sur, ambos renacentistas. Hoy es Centro de Educación Secundaria, tras una costosa pero justificada adaptación.

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