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Nueva Zelanda. Volcanes dormidos, antiguos glaciares y playas de arena negra

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AucklandCon el paso del tiempo, los nuevos asentamientos de europeos en las islas acentuaron el enfrentamiento entre ambos grupos. Pese a ello, Nueva Zelanda ha sido siempre un país con carácter y uno de los más avanzados en el plano social. De hecho, fue el primero en el mundo en reconocer el derecho de voto de la mujer (1893), en adoptar un sistema de pensiones (1898) y en poner en marcha un programa para cuidar a los niños (1907). Igualmente, fue alumno aventajado a la hora de hacer que las personas mayores, las viudas y los huérfanos pudieran beneficiarse de la seguridad social, así como en reducir la jornada laboral a cuarenta horas semanales y en introducir un subsidio por desempleo y un seguro médico (1938).

Con estos antecedentes de lo único que podemos estar seguros es de que cruzar el Atlántico, sobrevolar los Andes y el continente Antártico y atravesar el océano Pacífico para llegar hasta Nueva Zelanda vale la pena. Como mínimo es una oportunidad única para descubrir un país de una impactante belleza natural, un patrimonio cultural diferente y una manera de vivir que se contagia apenas se aterriza en esta isla llena de contrastes.

Nueva Zelanda está compuesta por dos islas grandes y varias pequeñas. La Isla Norte tiene un clima templado y volcanes activos, mientras al sur se sitúan grandes montañas con glaciares y lógicamente, un clima más frío. El contraste en su forma más pura.

La isla del Norte
La primera parada obligatoria es Auckland -en la isla del Norte-, la ciudad más grande del país, por delante, incluso en cuanto a número de habitantes, de la capital del país, Wellington. Es también el principal centro industrial, además de ser la que cuenta con la mayor población de origen polinesio de toda Nueva Zelanda. Sin embargo, este animal cosmopolita no ensombrece en ningún momento la belleza natural en la que la ciudad se asienta: en primer plano el golfo de Hauraki, más allá el océano Pacífico, y donde apenas alcanza la vista, con centenares de islas y salvajes playas de arena negra. No hay que olvidar que cada año la Copa América atrae hasta la bahía de Auckland a los mejores marineros del mundo. Un trasiego al que hay que unir las más de ochenta mil embarcaciones que normalmente se encuentran amarradas en el puerto.

Desde lo alto de la ciudad, la espectacular Sky Tower (Torre del Cielo) observa este frenético ajetreo. Abierta al público por primera vez en 1996, sus 328 metros de altura la convierten en la más alta del hemisferio sur. Para disfrutar de una vista incomparable de la ciudad hay que subir hasta el último piso. Esta aventura puede realizarse en un periodo de tiempo no demasiado extenso a no ser que uno quiera hacer un alto en el camino y visitar los teatros, el Sky City Casino, los bares y los restaurantes con los que es posible tropezar en el ascenso.

Para los amantes de la historia, el Museo Marítimo Nacional es cita obligada. En él se nos dan las claves para entender esa relación tan especial que tienen los neocelandeses con el mar. Tampoco hay que dejar de ver el Kelly Tarlton's Antartic Encouter Underwater World, un museo submarino que permite caminar entre peces autóctonos, incluidos los tiburones.

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