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Zaragoza, el faro de Aragón

Cualquier ruta que se emprenda por Aragón es casi seguro que comenzará, o terminará, en Zaragoza. Un destino que va más allá de la jota, el Pilar y la buena mesa, que esconde otros tesoros como la Iglesia de Santa Engracia, el Palacio de Condes de Luna o el de la Aljafería, entre tantos otros. Y fueron los pinceles de Velázquez y Mazo los que plasmaron el ambiente de Zaragoza, una vista magnífica que ya supieron apreciar en el siglo XVII dos maestros de la pintura.

LUIS O. VALERO
Zaragoza fue, en tiempos antiguos, Cesarea Augusta, y ya por entonces encandilaba a los numerosos visitantes que se acercaban a uno de los pulmones de la España de antaño. Por entonces, ya era una bella ciudad situada a orillas del Ebro, de hermosas casas de ladrillo y con numerosas iglesias. El célebre escritor Benito Pérez Galdós también quedó maravillado de sus barrios, sobre todo el de las Tenerías, del que dijo "traía a la imaginación los recuerdos de la dominación arábiga. La abundancia del ladrillo, las ventanuchas con celosías, la completa anarquía arquitectural, aquello de no saberse dónde acababa una casa y empezaba otra".

Zaragoza

Un recuerdo, el de Galdós, que ha traspasado los siglos, aunque de estas palabras sólo se aprecia, en la actualidad, la veracidad en los barrios antiguos, el de las estrechas callejuelas y hermosos palacios renacentistas, las numerosas torres mudéjares, las catedrales y las recoletas plazas.

Todo itinerario por Zaragoza debe comenzar por la Plaza de Aragón, actual centro geográfico de Zaragoza, donde se encuentran los edificios de la facultad de Medicina y de Capitanía. También se encuentra el patio de la Infanta, que tiene un encanto especial. Hacia la Plaza de España, por el Paseo de la Independencia, se encuentra una de las visitas imprescindibles, la iglesia de Santa Engracia, toda una joya del Renacimiento y en cuya cripta se encuentran sepulcros paleocristianos de los Innumerables Mártires.

El bullicio y el calor del risueño carácter maño se encuentran en el Coso, una de las calles de mayor tradición de la ciudad y toda una arteria del barrio antiguo. Muy cerca se encuentra otra joya de esta ciudad, el palacio renacentista de los Condes de Luna, que hoy es la Audiencia, con patio y artesonados típicos de la arquitectura aragonesa. Otro centro de actividad es el Mercado Central, visita indispensable donde, además, se pueden encontrar algunas delicias de su gastronomía.

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