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Zaragoza, el faro de Aragón

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Hacia la Plaza del Pilar
Pabellón de la Exposición del Agua 2008Antes de llegar a la visita imprescindible a uno de los tesoros de la capital aragonesa, vale la pena admirar el pasado de esta ciudad, las murallas romanas, cerca del Mercado, además del torreón de la Zuda, auténtica atalaya del río Ebro.

En la Plaza del Pilar los visitantes se pueden pasar horas ante el conjunto arquitectónico del que tantas veces se ha hablado al referirse a Zaragoza. Y no es para menos, ya que se concentra desde la Basílica, donde se encuentra el valioso retablo de Damián Forment, además del palacio de la Lonja y la catedral de La Seo, con la imperante huella del gótico en su interior, barroco en el coro y mudéjar en la fachada de su lateral derecho.

El interior de la Seo merece un capítulo aparte, sólo por la belleza del retablo gótico del altar mayor, producto del arte de Juan de Suabia y Pere Johan, además de los más de setenta tapices franceses y flamencos de la Seo, tejidos en Arras y en Bruselas, además de bocetos de Goya y Bayeu, ideados para las cúpulas del Pilar.

Iglesias, palacios y torreones
Detrás de la Seo se encuentra el Arco del Deán, de bella factura gótica, justo el comienzo de un recorrido de callejuelas que encandilarán al visitante, por su tranquilidad y la cantidad de antiquísimas tabernas para tomar un aperitivo, como buen ejemplo es el conocido Mesón de Faustino. De la belleza de las torres mudéjares que guarda Zaragoza merece la pena la de Santa Magdalena.

Cerca de la Plaza de San Miguel, hay un enfrentamiento arquitectónico de mucha fuerza. Por un lado, la iglesia barroca del Seminario de San Carlos; por otro, la Casa de los Morlanes, palacio renacentista con singulares balcones.

Otras visitas de interés son la iglesia de San Gil, el palacio de Torrero, hoy sede del Colegio de Arquitectos, así como el entrañable rincón de la plaza de Santa Cruz, donde se encuentra el palacio de los Pardo, convertido en Museo Camón Aznar.

Otro rincón de interés reside en la estrecha calle del Temple, donde están el torreón de los Fortea y el palacio de los Argillo, hoy museo Gargallo, y la iglesia de San Felipe, con las bellas columnas salomónicas.

El palacio de la Aljafería
El palacio de la Aljafería es una de las más importantes huellas del arte musulmán en España. Del siglo XI, construido por la familia Beni Hud, pasó por las más variadas manos: desde los reyes de Aragón, para lo que sufrió una reforma, hasta los Reyes Católicos, renovado de nuevo, y transformado, posteriormente, en sede de la Inquisición y en cuartel de Infantería por último. Es un palacio de enorme belleza que guarda como una de sus joyas esta ciudad situada a orillas del Ebro; un palacio admirable por sus magníficos almocárabes, sus capiteles cincelados, yeserías y artesonados de casetones.