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Esto no tendría nada de particular si no fuese porque, a partir del mito de la media naranja se generan un conjunto de expectativas a más largo plazo capaces de bloquear la resolución de conflictos cuando necesariamente tienen lugar. ¿Cuáles podríamos decir que son esas expectativas? La idea de que la otra persona es mi mitad perdida implica pensar que "los dos juntos constituimos una unidad" y, por tanto, tenemos que coincidir necesariamente en deseos, formas de satisfacerlos, criterios, valores, inquietudes, pensamientos, sentimientos, preferencias, gustos... En otras palabras, se piensa que amar a otra persona es coincidir con ella en una gran variedad de aspectos. La socialización femenina ha insistido en lo incompleta que es una mujer sin un hombre pero, en la actualidad, muchos hombres participan de ese mismo sentimiento de falta de identidad individual.
Desde este punto de vista, ¿qué ocurre cuando, con el tiempo, los dos miembros de la pareja empiezan a mostrarse tal cual son? Aparecen los primeros conflictos que estas parejas interpretan como desamor o muestras de egoísmo. Puesto que no contaban con que surgiesen los conflictos, cuando inevitablemente surgen se produce un enfrentamiento basado en lo que podemos llamar "modelo de confrontación" que supone que si uno tiene razón el otro se equivoca. En este estado de cosas, cada miembro de la pareja intentará que el otro haga/deje de hacer/ lo que él/ella quiera.
Aparecen las luchas de poder en el seno de la pareja que generan mucho resentimiento, decepción, frustración y amargura. Este estilo de pareja recibe el nombre de "fusional" porque es la versión adulta de la fusión infantil con una primera figura de apego, generalmente la madre. En estas parejas, solo existe el "nosotros" mientras que el "yo" individual queda diluido. Los gustos, deseos y preferencias individuales sólo pueden llevarse a la práctica si son compartidas por el otro de manera que aquí nos encontramos con hombres y mujeres que abandonan hobbies para agradar a su pareja, dejan de ver a determinadas amistades o incluso pierden el contacto con sus familias de origen. Estas personas son altamente manipulables ya que "si, una tarde, prefieres jugar con tus amigos al tenis a salir conmigo es que no me quieres lo bastante". El coste de este tipo de relaciones puede ser bastante alto para aquéllas personas que, previamente a esa relación, tenían una vida rica en estímulos, es decir, personas que tenían muchas amistades, hobbies y abundantes intereses e inquietudes. Sin embargo, la relación puede funcionar "razonablemente bien" durante muchos años si cada uno se adapta fielmente al papel que se le ha asignado ya que en este tipo de parejas los roles son rígidos y muy definidos. La relación se mantendrá mientras la conducta de cada uno se adapte a ellos y empezará a resquebrajarse cuando uno de los dos quiera redefinir su papel en la relación.
Podemos preguntarnos si resulta razonable esperar que el otro/a sea un prototipo exacto de uno mismo. Y en cualquier caso, ¿tener esas expectativas mejora o empeora nuestra calidad de vida? Es posible creer cualquier cosa si ello nos hace vivir más felices pero, ¿de qué forma mejora nuestra vida la idea de que somos seres incompletos? ¿Nos hace sentir mejor la creencia de que el otro debe pensar, sentir o comportarse igual que yo? Si la respuesta a estas preguntas es que pagamos el precio de la infelicidad, la decepción y la frustración por pensar así entonces debemos buscar una alternativa a este ideal.
Se puede finalizar contestando a la pregunta título de este artículo. En base a todos los argumentos planteados no parece que resulte deseable el ideal de amor romántico. Más bien constituye una trampa. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la fusión es un deseo genuino de toda persona ya que nuestra primera existencia estuvo fuertemente ligada a otro ser humano. Esa es la razón de que tengamos una fuerte pulsión hacia la fusión. De adultos el momento fusional por excelencia es el coito. Y, en cualquier caso, existen distintos grados de fusión en diferentes momentos de una relación. Y eso es perfectamente natural. La fusión como parte de un proceso en una relación pero no como base sobre la que fundamentar un vínculo afectivo. Por tanto, la conclusión sería fusión sí pero en momentos específicos. Poder funcionar en ocasiones como pareja y en ocasiones, a título individual, es por tanto el modelo alternativo al fusional que yo propondría. Este otro estilo relacional recibe el nombre de "modelo de interdependencia" y tiene importantes repercusiones en la vida de la pareja.
María del Mar Fajardo Navares es psicóloga y terapeuta sexual.