Porque no está clara la cantidad de fuerza, no nos explican en relación a qué, ¿cómo compruebo que ese hombre es fuerte?. ¿Fuerte como para ser capaz de levantarme por los aires cual si fuera yo una pluma?. Sería bonito, pero, la verdad, yo no soy una pluma, así que a lo mejor es más fácil encontrar un hombre de verdad si me mantengo 10 kilos por debajo de mi peso habitual (primer sacrificio).
También podría ser fuerte aquél que sea capaz de pegarse con cualquiera por defender mi honor y mi dignidad, incluso cuando nadie se haya comportado groseramente conmigo, pero "... es que él tiene ese carácter tan especial y como además es tan fuerte, pues enseguida se le escapa la mano". Eso lo podemos compensar yendo siempre bien recatadas, más bien poco sexi, con lo cual a ningún insensato se le escapará una mirada lasciva, es decir, lograremos que nadie nos mire, a lo peor ni siquiera nuestro hombretón lo hace (segundo sacrificio).
Más difícil aún es el saber si es sensible o no. ¿Cómo lo demuestran?, porque ¿ser sensible es llorar ante una escena triste o romántica?, o ser sensible es "sentir" dolor, placer, vergüenza o alegría. Partiendo de la premisa de que, casi sin ningún temor a equivocarme, todos los seres humanos, entre los que incluyo a los hombres, han vivido algún momento de estos adjetivos en su piel. Entonces, la conclusión es:
Todos los hombres son fuertes, al menos en potencia, y todos los hombres son sensibles, sin ninguna duda pero con una salvedad, que ellos se dividen entre los que son capaces de demostrarlo con naturalidad y los que, simplemente, no.
Sin titubeos, estamos rodeadas de hombres de los pies a la cabeza, aunque ellos a veces ni siquiera lo saben. Y lo entiendo, porque los papeles sexuales y la forma de entender la vida han cambiado rápidamente y en la nueva sociedad cada vez hay menos espacios para ese "hombre de los pies a la cabeza" al que ellos pensaban que debían emular para conseguir unos privilegios, los cuales ahora se vuelven contra el varón poderoso y rudo, sin derecho a la comunicación y al calor.
Se les ha educado para que respondan a un prototipo de persona "masculina", despreciando todos los valores asociados a lo femenino. Se han creado miles de "guerreros" -véase: machote, hombretón, fiera, valiente, el número uno..., ese apelativo tan hiriente con que le bautizaban en su entorno-, educados para la competitividad, la comparación, la desconfianza, y entre los que las relaciones de poder son el único código de supervivencia.
Esta fortaleza les está atacando, dejándoles en su interior lisa y llanamente el tan odiado "miedo". Tremendo sentimiento que al no poder aceptar, lo revierten en las personas que agraden: miedo a la mujer, a los otros hombres, al fracaso y a sí mismos.
Mientras os vais desnudando de esas ropas de insensibilidad que tanto os pesan yo, humildemente, os pido perdón por todas esas expresiones/exigencias que seguimos empleando las mujeres para definir en realidad a ese hombre que nos vuelve loca, aunque no sea para nada "un hombre de los pies a la cabeza", al menos como nos habían enseñado a vosotros y a nosotras.