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Desarrollo erótico femenino

El ser humano nace en un estadio tal de inmadurez que hace que necesite largos años de cuidado. Durante esta larga infancia el niño o niña se vincula afectivamente con las personas que cuidan de él o ella, generalmente sus padres. El estrecho vínculo madre-hijo/a y el resultado emocional para éste último de confianza-desconfianza básicas sentará las bases de todas las futuras relaciones con las personas del entorno.

MARÍA DEL MAR FAJARDO / LECTORA DE MUJERACTUAL
Mujer desnudaSi el sentimiento del niño/a es la sensación de seguridad y confianza y la valoración positiva del sexo de pertenencia de la criatura ello constituirá una base muy favorable sobre la que se construirá todo el posterior desarrollo biológico y psicológico inherente a las etapas de la pubertad - adolescencia. Si el sentimiento no es de seguridad básica y/o la valoración del sexo de pertenencia no es positiva o es infravalorada entonces las condiciones no son óptimas para un buen desarrollo.

Durante la larga etapa de crecimiento el niño/a va incorporando estímulos de naturaleza variada y de contenido afectivo tanto positivo como negativo. Cualquier estímulo que en la infancia del niño o la niña haya provocado respuestas afectivas en él o ella es susceptible de convertirse, ya de adolescentes o adultos, en un estímulo provocador de respuesta sexual. Esto quiere decir que, antes de tener experiencia sexual directa con uno mismo o con otros, el niño/a tiene ya un conjunto de estímulos idiosincrásicos para él o ella. Puede ser el roce de un adulto en cualquier zona de su cuerpo, un olor, un sonido, una música, una voz… cualquier cosa que le haya provocado un sentimiento particular de agrado/desagrado. El bebé humano realiza asociaciones simples del tipo de voz de la madre-baño-limpio-sensación de placer o bien voz severa-baño-sensación de displacer.

La valoración o infravaloración del sexo está presente desde el mismo momento del nacimiento y es el telón de fondo sobre el que se asienta el erotismo humano. Tener pene no es lo mismo que tener vagina desde el punto de vista social pero es que además la accesibilidad anatómica del pene y la necesidad de manipularlo para realizar la micción sitúan prontamente al niño varón frente a una realidad biológica indiscutible. En el caso de las niñas a su menor valoración social se añade el hecho anatómico de no necesitar manipular ni la vagina ni el clítoris para realizar ninguna función biológica particular. Y esto es así durante toda la infancia. Es más, con la llegada de la pubertad, la primera presencia psicológica de la vagina lo constituye la menstruación, un hecho biológico que no pocas veces comienza con dolor y un cierto temor (no presente en todas las niñas pero sí en muchas) y que, por tanto, no está asociado con placer.

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