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Desarrollo erótico masculino

El desarrollo afectivo sobre el que se asienta el desarrollo erótico no ocurre en el vacío. El contexto social resulta determinante ya antes incluso del nacimiento con las diferentes expectativas de los progenitores en función del sexo de la criatura.

MARÍA DEL MAR FAJARDO / LECTORA DE MUJERACTUAL
Hombre jovenLas crías humanas son extremadamente dependientes de los adultos durante un largo período de tiempo debido, en primer lugar, a la inmadurez neurológica con la que nacen y, en segundo lugar, a la carencia de instintos suficientes para la supervivencia. Los comportamientos instintivos en nuestra especie son sustituidos por los comportamientos aprendidos. Básicamente existen dos formas de aprender: por ensayo y error (experiencia directa) y mediante la observación del comportamiento de otros (aprendizaje por imitación).

El proceso de socialización implica la interiorización de los valores, comportamientos, creencias, ideas, expectativas y mensajes de la sociedad de referencia y presenta aspectos diferenciales en función del sexo. Esa interiorización es el resultado de la interacción con las figuras humanas, hombres y mujeres, del entorno de la criatura. Y es absolutamente imprescindible para el adecuado desarrollo humano a todos los niveles: sensorio-motor, afectivo-social, lingüístico, cognitivo... a tal punto de que la privación de figuras humanas en los primeros años de la vida conlleva un retraso permanente e irreversible.

Vista la importancia que tiene la socialización para el adecuado desarrollo humano podríamos preguntarnos ¿cómo afectan los patrones de socialización masculinos en los posteriores comportamientos eróticos? La primera socialización ocurre en el seno de la familia durante los primeros años de la vida del niño y continúa a lo largo de toda la vida en diferentes contextos. En el seno de esa socialización resulta especialmente significativo el proceso de identificación para la conciencia individual de ser hombre o ser mujer.

La identificación es un proceso gradual y acumulativo que se produce a través de la vinculación afectiva del niño con la figura del mismo sexo. La identificación podrá ser: positiva, cuando el hijo imita comportamientos paternos o negativa, cuando el comportamiento que exhibe el hijo varón sea el opuesto, es decir, cuando el hijo rechaza parecerse al padre. Esto último ocurre en aquellos casos en los que la figura masculina no sea percibida de forma positiva ya sea por los propios comportamientos negativos del padre o porque la madre le descalifique o desprecie. Así para que un niño varón pueda identificarse positivamente con su padre es necesario que, en esa familia concreta, se atribuyan valores positivos al hecho de ser hombre así como que se les otorgue una valencia afectiva positiva a los hombres de la familia. Así y todo, siempre existirá algún grado de identificación paterna que consiste en una imitación inconsciente de aspectos no verbales, tales como los gestos, la forma de caminar, el tono de voz, etcétera. Esta identificación es más automática. Ocurre sin apenas percepción consciente.

En el caso del varón, ¿cuáles podríamos decir que son los valores que típicamente deben interiorizar todos los niños? El mundo infantil está repleto de héroes que salvan a princesas, que derrotan a dragones, que salvan el mundo... y ya de adultos, en la producción cinematográfica, nos encontramos idénticos símiles. Véase, "la mujer de rojo", "La Roca", "El agente 007"... Los mensajes implícitos en todos ellos son el hombre duro, que no teme a nada ni a nadie, que por tanto no tiene debilidades y que, a menudo, consigue lo que quiere mediante el uso de la fuerza. Un hombre con un alto impulso sexual que debe ser atractivo y que debe dar una imagen de seguridad en sí mismo. En este sentido, un hombre debe sentir lo menos posible o, al menos, no debe mostrar sus sentimientos ya que eso es una muestra de debilidad. La cultura androcéntrica dominante asume sin cuestionar todos estos valores y fomenta con ello una lucha de poder entre los valores femeninos y los masculinos que resulta artificial.

La socialización masculina supone, por tanto, interiorizar modelos que suponen un atentado contra la propia naturaleza humana ya que sentir miedo, tener dudas, experimentar fracasos, llorar, sentir variadas emociones forma parte de la naturaleza humana. Pero los hombres reciben desde su más tierna infancia mensajes que reprimen su humanidad y eso les convierte a veces en personajes prepotentes, arrogantes y poco o nada sensibles a las necesidades de los demás. Y no les permite desarrollar habilidades tales como la empatía y la interpretación de las emociones de los otros, aspectos estos absolutamente centrales para la convivencia.

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