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Todo este entramado afectivo-socio-cultural se concreta en el estilo sexual "típicamente" masculino. Resumiendo mucho, podemos decir que se trata de un estilo marcado por la búsqueda de rendimiento cuantificable (coitos, orgasmos, duración de las erecciones, duración del coito...) y por la necesidad de demostrar su potencia sexual. La autoestima del varón está muy mediatizada por su ejecución sexual de manera que, cuando se produce un fracaso en la ejecución (que es totalmente natural), el hombre se preocupa mucho por lo que afronta una nueva ejecución como una prueba lo que da lugar a una más que probable disfunción sexual.
El desarrollo erótico masculino cuenta con ciertas ventajas respecto del femenino como son no tener que realizar una labor de integración de las funciones sexuales y reproductivas ya que ambas funciones residen en el mismo órgano o el hecho de que el pene sea de fácil acceso e imposible de ignorar por lo que cualquier niño está ampliamente familiarizado con sus genitales. Estos aspectos son determinantes a la hora de la actualización del erotismo masculino. Sin embargo, esos mismos aspectos conviertan a menudo la sexualidad masculina en pobre por cuánto hay una focalización exagerada en los genitales ignorando la sensualidad de otras zonas corporales. Focalización ésta que no se limita a los genitales propios sino a los de la pareja mujer (frecuente queja en no pocas mujeres).
La erotización masculina como la femenina implica la asociación de ciertos estímulos con excitación sexual. El aspecto diferencial con la erotización femenina es que, en el hombre, existe una respuesta sexual (la erección) fácilmente condicionable con cualquier estímulo y eso significa que un hombre a menudo tiene una más amplia variedad de estímulos generadores de respuesta sexual lo que, a su vez, favorece la focalización masculina en los genitales. Ello también supone una dificultad añadida para la vivencia de una sexualidad más lúdica y juguetona.
El ser humano, hombre o mujer, no se relaciona eróticamente exclusivamente con sus genitales sino con todo su cuerpo y su mente ya que es virtualmente imposible separar las sensaciones que se sienten en el cuerpo de las imágenes mentales, las experiencias previas, las expectativas, los miedos, las ansiedades... en definitiva, de toda nuestra personalidad. Tres son las características que debe tener toda relación sexual: erotismo, ternura y responsabilidad. En ocasiones puede pesar más la ternura, en otras más el erotismo pero, en mayor o menor medida, tienen que darse las tres.
La socialización masculina impide a muchos hombres desarrollar un erotismo lúdico y menos orientado a la consecución de objetivos cuantificables. Desde este punto de vista el erotismo es más una experiencia sensorial en la que no hay un criterio definitivo de éxito más que el sentirse bien en el "aquí y ahora".
Los valores sociales masculinos tienen el problema añadido de que se presentan bajo un halo de positividad y "superioridad" frente a los femeninos lo que hace que sea mucho más difícil para muchos hombres cuestionarlos. Dicho de otra forma, muchos hombres asumen la superioridad de los valores masculinos sin darse cuenta de que se trata de una tiranía en la que ellos son los primeros perjudicados. Cuestionar unos valores que parecen positivos resulta más difícil que cuestionar algo que se presenta como desvalorizador o negativo. No obstante, algunos hombres adoptan una solución de compromiso de manera que siguen aceptando esos valores pero, en su relación con las mujeres, los disfrazan. Y eso ocurre merced a una cierta desvalorización social actual de los típicos valores tradicionales masculinos.
En conclusión, podemos decir que las ventajas iniciales para el desarrollo erótico masculino son más aparentes que reales ya que les dificultan el acceso a un erotismo más sensorial y sensual, más lúdico y gratificante. La educación sexual en las escuelas debería planificarse teniendo en cuenta todos estos elementos con el objetivo de fomentar la conciencia individual de los valores de referencia para permitir esta nueva vivencia de la sexualidad.
María del Mar Fajardo es psicóloga, monitora de educación sexual, especialista en orientación y terapia sexual. Colaboradora habitual de la revista que edita la Sociedad Sexológica de Madrid "Sexpol".