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En el varón la eyaculación coincide con la sensación placentera del orgasmo mientras que en la niña las funciones reproductivas y placenteras residen en órganos distintos con lo que la primera tarea que ha de realizar cualquier niña adolescente es precisamente la labor de integración, tarea que no siempre es fácil. La ocultación anatómica del clítoris y el ser ignorado por las madres y no mencionado hacen que a menudo las niñas descubran el placer inherente a la manipulación de ese órgano en edades bastante más tardías que el descubrimiento equivalente en el caso de los niños varones. Esto nos sitúa a todas las niñas en una situación de desventaja para un desarrollo erótico posterior más fino, más elaborado.
Así pues, el desarrollo erótico se asienta sobre el desarrollo afectivo y se completa con las experiencias sexuales explícitas, ya sea con uno mismo o con otro/a. Fruto de los diferentes encuentros sexuales son el conjunto más rico y variado de estímulos capaces de evocar respuesta sexual, inclusive en ausencia de una estimulación física. Así pues, la experiencia directa es una fuente muy importante de erotización. También en este punto es necesario hacer hincapié en la diferencia de género. Una nueva losa viene a pesar de nuevo en el desarrollo erótico femenino y es la socialización femenina en valores como la entrega, el sacrificio y el amor romántico. De la asunción de estos valores dependerá que una mujer se permita o no tener experiencia sexual con distintas parejas sin que medie el amor entendido éste como expresión del romanticismo.
Si una mujer tiene muy firmemente instalada la creencia según la cual sólo cuando existe amor romántico o proyecto de vida común es posible disfrutar del sexo entonces su desarrollo erótico se ve seriamente limitado. Esto tampoco significa que más experiencias sean mejor que menos pero sí que es necesario un período de "prueba" con diferentes personas para que el erotismo femenino se desarrolle. Y que este período de "prueba" es más importante para el erotismo femenino que para el masculino. Replantearse los valores de la cultura androcéntrica dominante y sustituirlos por otros más igualitarios se convierte así en una lucha que las mujeres deben llevar a cabo para poder desarrollar su potencial erótico.
Resumiendo, podemos terminar diciendo que mientras que el desarrollo erótico masculino está prácticamente garantizado, el femenino es el resultado de frecuentes luchas internas y, a menudo, también externas a través de las cuales cada mujer debe encontrar su zona de equilibrio propia en la que se sienta realmente ella misma. Educar en una mayor valoración de lo femenino en las escuelas podría ser un primer paso para conseguir que las mujeres del futuro no tengan que realizar tan ingente lucha.
María del Mar Fajardo es psicóloga, monitora de educación sexual, especialista en orientación y terapia sexual. Colaboradora habitual de la revista que edita la Sociedad Sexológica de Madrid "Sexpol".
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Desarrollo erótico masculino