La mayoría de los enfermos temen parecer tontos o maleducados, por el hecho de usar palabras "políticamente incorrectas", ya que no tienen ninguna manera mejor de expresar su problema. A veces, el médico puede encontrarse con que el paciente "da rodeos" en torno a algún tema de conversación banal o que el enfermo tiene una actitud defensiva y poco comunicativa.
El mejor consejo que se puede dar en este caso es ser lo más sincero posible y contar el problema tal y como es y no pensar que su problema es especial. Hay muchísima gente que acude al médico con quejas urológicas, insomnio, depresión, o dolor de huesos, y en realidad no se atreven a reconocer que tienen un problema sexual.
Puede ser útil definir primero un lenguaje común, con términos que el médico y paciente entiendan correctamente, así como facilitar al médico que realice una buena historia clínica y un examen cuidadoso. Es posible que su médico decida consultar a otro especialista (un urólogo y/o un ginecólogo) si detecta alguna causa tratable.
Otro aspecto importante es que el paciente ha de entender que el tratamiento debe basarse en dos pilares: el físico y el psicológico, y que ten importante es uno como el otro. A pesar de que el origen del problema sea físico, lo más probable es que tenga repercusiones psicológicas, que se deben tratar. Así, un tratamiento global tiene que tomar en cuenta ambos aspectos.
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