Higos
Es una fruta de gran popularidad en toda la cuenca mediterránea desde antes de Jesucristo, de hecho su árbol, la higuera, es nombrada con frecuencia en la Biblia.
Las higueras suelen dar todos los veranos dos cosechas de higos, pudiéndolos encontrar frescos de junio a septiembre, y secos todo el año. Existen diversas variedades: verdes, púrpura o marrón rojizo, aunque todos ellos poseen una pulpa roja oscura llena de semillas diminutas y un sabor muy dulce y jugoso.
Los higos secos nos proporcionan seis veces más energía que los frescos, además la deshidratación concentra los nutrientes convirtiendo esta fruta en una fuente rica en potasio, calcio, hierro, fósforo, magnesio, y vitaminas A, B y C.
Los higos deshidratados también son ricos en fibra, tanto fibra soluble (pectina) que nos ayuda a disminuir los niveles de colesterol en sangre, como fibra insoluble que ayuda al movimiento intestinal previniendo tanto el estreñimiento como otros padecimientos intestinales.
Como vemos, los higos deshidratados poseen poderosas virtudes, pero también un alto contenido en azúcar, así pues tendremos que tener especial cuidado si los consumimos con frecuencia, pueden provocar caries.
Además de las propiedades expectorantes y laxantes ya mencionadas, los higos forman parte de numerosos remedios de la sabiduría popular, por ejemplo: una forma sencilla de eliminar las verrugas es aplicar la leche extraída de un higo fresco sobre la verruga y tapar con un apósito, repitiendo esta operación durante 8 - 9 días. Otro remedio popular contra el mal de muelas consiste en cocer unos cuantos higos secos y aplicar con la ayuda de una gasa el líquido obtenido sobre la zona afectada (flemón, forúnculo...) varias veces al día, ya que posee propiedades sanadoras y cicatrizantes. Otra alternativa para desinflamar un flemón es aplastar un higo seco y colocarlo entre la muela inflamada y el carrillo, manteniéndolo puesto toda una noche.
Respecto a nuestra gastronomía, los higos también juegan un papel importante en la cocina, especialmente en lo concerniente a los guisos elaborados con aves, pero también en los postres, ya sea con cremas o en almíbar, o a modo de entrantes acompañados con jamón serrano...
Granada
Este fruto que podemos encontrar durante los meses invernales, posee un dulce y perfumado sabor. Desde la antigüedad se le ha relacionado con el amor y la fecundidad, seguramente por el aspecto de su pulpa compuesta por decenas de granos rojos.
Probablemente sea la dificultad que entraña desprender sus granos la causa de que este fruto de aspecto coriáceo no se haya comercializado excesivamente, aunque en otras épocas fue utilizado tanto para la confección de salsas o sopas como de bebidas refrescantes. Con las granadas los egipcios realizaban un vino muy denso y embriagador, y en la cocina árabe aparece en multitud de platos, especialmente podemos destacar su presencia en ensaladas.
Las granadas son ricas en fósforo, vitamina C y fibra. Contienen muy pocas calorías y su zumo es muy eficaz contra la tos y el asma.