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Origen mitológico
Desde hace 4.000 años, las hojas del té verde se han consumido con propósitos curativos. El té verde procede de la misma planta que el té negro, más consumido en Occidente, y se diferencia de éste en la mayor cantidad de oxígeno que absorben las hojas durante el procesamiento. El té negro se creó para facilitar el transporte de este producto desde Oriente a los mercados de Europa. Con menos oxígeno, el té negro, era más adecuado para resistir los entonces largos viajes sin estropearse. Sin embargo, en China, India y Japón, se ha continuado bebiendo el té verde que hoy se exporta sin problemas a todos los mercados del mundo.
La camelia sinensis, nombre botánico de la planta del té, posee una historia de proporciones mitológicas. En Occidente, la palabra Tea, que en griego significa "diosa", ha dado su nombre a este producto. En China, una popular leyenda cuenta que el emperador Shen Nung descubrió el té cuando algunas hojas cayeron sobre un puchero de su cocina en el que había agua hirviendo. Y se dice que, en India, el príncipe Sidharta, fundador del budismo, al quedarse dormido en estado de meditación, se arrancó las pestañas y las arrojó al suelo, donde dio origen a hermosas plantas de té, con unas hojas que se parecían a sus propias pestañas.
Algunos historiadores aseguran que el té se consumió primero en China para dar sabor al agua hervida y proteger a las personas de la contaminación bacteriana. En el año 1211 antes de Cristo, un monje budista japonés, llamado Eisai, escribió un libro titulado "Mantener la salud bebiendo té", en el que decía: "El té es una medicina milagrosa para la salud. Tiene el extraordinario poder de prolongar la vida". Los exploradores europeos que probaron el té verde en el siglo XVI, dejaron escritos en los que se indica que el té se empleaba para curar la fiebre, los dolores de cabeza, de articulaciones y de estómago.
Una planta delicada
Las hojas del té contienen cafeína, como todos las infusiones que se derivan de ellas en cantidades variables. Hay muchos tipos de té, pero todos proceden de la camelia sinensis. En su crecimiento espontáneo o silvestre, la planta del té puede alcanzar una altura de hasta dos metros, pero en los cultivos se suele podar continuamente cuando llega a un metro. Las hojas del té verde ser arrancan de la misma forma que las del té negro, pero se elaboran de otra manera. Para mantener sus propiedades, se procesan cuidadosamente en tres fases en un trabajo que dura un día.
Primero se resecan para destruir las enzimas que darían lugar a la fermentación, después se enrollan manualmente y se calientan para reducir la humedad restante y luego se terminan de deshidratar en grandes secadoras mecánicas, de forma que el té tan solo retenga el 2% de su humedad original. El empaquetado y distribución posterior permite que el té verde llegue hoy, con pleno sabor y carácter, a todos los rincones del mundo.
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El té verde, un deleite para el cuerpo