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¿Mala circulación?

El retorno sanguíneo de nuestras extremidades inferiores siempre resulta más dificultoso, pues además de ser la zona corporal más lejana del corazón tiene que luchar contra la ley de la gravedad. Si a este hecho, le sumamos alguna alteración, ya sea en el corazón, las arterias o las venas, resultará relativamente fácil sufrir de mala circulación.

YOLANDA BARBERÁN / MUJERACTUAL
Las paredes de las arterias pueden llegar a perder su elasticidad natural y su calibre, si éste es más pequeño la sangre tendrá dificultades para circular, y si es más grande la presión disminuirá. También pueden verse taponadas por algún coagulo más o menos grande, o verse afectadas por ciertas enfermedades como el colesterol. Los principales síntomas que se manifiestan en este caso son mareos, vértigo, palidez, frialdad, hormigueo y hasta dolor cuando se está en reposo.

Respecto a las venas, las principales alteraciones que suelen sufrir es la aparición de varices como consecuencia de la dilatación de sus paredes. En este otro caso, los síntomas más habituales son hinchazón, hormigueos y un tono azulado de la piel.

Pero la mala circulación no sólo afecta a nuestras extremidades inferiores, la afección más habitual relacionada con este problema es la aterosclerosis, o acumulación de depósitos grasos en las paredes arteriales, lo que provoca engrosamiento y falta de flexibilidad en las mismas, obstaculizando consecuentemente la circulación sanguínea. Situación que agravará considerablemente el riesgo de padecer infarto, embolias o trombosis, anginas de pecho en personas de edad más avanzada o dolorosos calambres musculares, dependiendo de qué arterias se vean afectadas.

Los enfermos diabéticos deben saber que se encuentran más predispuestos para sufrir complicaciones circulatorias.

Lo mejor que se puede hacer para prevenir la mala circulación es realizar algo de ejercicio físico de manera regular, mejor si es de tipo aeróbico puesto que propicia la circulación de la sangre, como por ejemplo: andar, nadar, montar en bicicleta, la práctica de esquí, etc., llevar una alimentación equilibrada, no abusar del tabaco y no llevar prendas muy ajustadas.

Una dieta equilibrada puede ayudar a prevenir el riesgo de padecer problemas circulatorios. Por eso se recomienda reducir el consumo de sal y grasas, no es que éstas sean malas en sí, lo perjudicial es su consumo excesivo, ya que el consumo de algunas grasas como las que se encuentran en ciertos pescados como el jurel, la sardina, el atún, la trucha o el salmón entre otros, pueden ayudar a prevenir la formación de coágulos en las arterias. También se cree que el consumo de dos manzanas diarias resulta ideal para el buen funcionamiento del corazón y del sistema circulatorio, y que las naranjas previenen los problemas circulatorios puesto que fortalecen los vasos sanguíneos.

Una buena actividad que podemos realizar para mejorar nuestra circulación sanguínea es darnos baños en el mar, debido al efecto masajeador de las olas. Andar descalzo sobre la arena húmeda de la playa resulta tonificante y favorece la circulación sanguínea de nuestras piernas. Pero si no vamos a la playa siempre podemos caminar sobre la hierba o llenar la bañera con cuatro dedos de agua fría y caminar dentro de ella, lo importante es meter y sacar alternativamente los pies del agua fría asegurando así la activación del riego sanguíneo.
 

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