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YOLANDA BARBERÁN / MUJERACTUAL Habitualmente durante los 5-15 primeros días de la enfermedad el paciente experimenta cansancio, pérdida de apetito y dolores tanto en los músculos como en las articulaciones, aunque en ocasiones puede ser totalmente asintomática o con molestias tan leves que el paciente no llega ni a acudir al médico. No existe un tratamiento específico para la hepatitis pero si unas directrices para su curación que a continuación detallamos:
Todos los tipos de hepatitis pueden llegar a convertirse en enfermedades crónicas, a excepción de la hepatitis A. Afortunadamente la hepatitis A es la más común, aunque ésta puede desarrollarse sin que la persona afectada se de cuenta. Su transmisión es por vía oral, quizás por ello sea habitual su contagio entre niños pequeños (al compartir juguetes u otros objetos con niños infectados). También puede contraerse esta enfermedad a través del agua o los alimentos, siempre que no existe una estricta manipulación higiénica, de ahí la existencia de brotes y epidemias de hepatitis A en los países del tercer mundo. Después del contagio hay un mes de incubación de la enfermedad, tras el cual el organismo reacciona produciendo anticuerpos y la enfermedad comienza a remitir. La hepatitis E también se transmite vía fecal-oral, pero es muy poco frecuente. Normalmente afecta a los jóvenes y puede ser peligrosa en mujeres embarazadas. El virus de la hepatitis B, por el contrario, puede encontrarse en todos los fluidos orgánicos: sangre, saliva, semen, flujos vaginales, etc. Por lo tanto su transmisión puede ser por vía parenteral (mediante material contaminado), sexual, o perinatal (de una madre infectada a su bebé durante el parto o a través de la placenta). Las tasas de curación de la hepatitis B es muy alta, sólo entre el 5 y el 10% de los casos se convertirá en una infección crónica. De éstos aproximadamente el 20% de los casos desarrollarán una cirrosis, mientras que el resto se convertirán en portadores sanos de la enfermedad. Estos últimos deberán tener muy presente las siguientes recomendaciones para evitar el contagio de la enfermedad:
La hepatitis D sólo puede contraerse si existe una infección simultánea con la hepatitis B.
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