La acción de dormir es una función vital, necesaria para un correcto desarrollo de nuestra vida. Nuestro cuerpo después de todo el día de trabajo necesita dormir, para recuperar fuerzas y poder continuar realizando esfuerzos al día siguiente. Es, una necesidad básica, en ocasiones también un placer, pero para muchos se convierte en un artículo de lujo.
No existe un número fijo de horas para dormir, varía en cada persona y también con la edad. A los 25 años hacen falta 8 horas diarias de sueño y, sin embargo, a los 60, con 7 ya es suficiente.
Podríamos definir el insomnio como la dificultad para permanecer dormido, para iniciar el sueño o diversos trastornos, que se traducen en un descanso insuficiente. La persona que lo padece, durante el día presenta más cansancio de lo normal, pierde el buen humor y sus capacidades de concentración y memoria disminuyen. Además, está más predispuesto a sufrir desórdenes de tipo nervioso que el resto.
Las causas más comunes que lo producen son de origen psicológico: problemas emocionales, estrés psíquico o depresiones. Pero también el abuso de ciertas drogas como el alcohol, el tabaco o especialmente el café, pueden llevarnos a sufrir una situación así. Las enfermedades crónicas con tendencia a empeorar (como el cáncer, o las insuficiencias cardíacas) son otra fuente de insomnio.
En general cualquier persona que presente estas circunstancias puede ser víctima del insomnio, pero generalmente es un problema que afecta en mayor medida cuanta mayor es la edad de las personas. También se detecta en un porcentaje superior en las mujeres, que en los hombres.
En el insomnio podemos hablar de dos tipos: del transitorio y del crónico. El primero haría referencia al que dura tres semanas, como mucho. Mientras que en el segundo caso, se supera este tiempo y no se sabe cuando desaparecerá. El que sufra este problema, no debe posponer la búsqueda de un remedio. El hecho de no descansar bien, puede ser un riesgo para sufrir accidentes de tráfico y empeora las relaciones sociales. Además, la falta de sueño puede desequilibrar todavía más al organismo, predisponiéndolo a sufrir trastornos más graves.
Un problema con mil remedios
Existen soluciones y consejos provenientes de diversos campos, que intentan atajar este problema. De todos ellos el menos aconsejable, es tomarse pastillas para dormir. Los somníferos tienen una gran cantidad de efectos secundarios y además, crean dependencia.
Es preferible buscar remedios más naturales. Desde la dietética se considera que este trastorno no es más que una señal, de que el cuerpo está desequilibrado. Por ello su solución sería adoptar un régimen alimenticio de fácil digestión y evitar el consumo de alcohol, tabaco y café. Aconsejan que la cena sea ligera y recomiendan tomar un vaso de leche tibia, antes de acostarse.
La medicina natural también cuenta con una serie de hierbas relajantes que pueden contribuir a solucionar el insomnio. Entre ellas están la valeriana, la tila, el azahar o la pasiflora. Terapias basadas en masajes son también positivas, para conseguir un buen descanso nocturno. El ejercicio físico es otra de las actividades, que ayuda a regular nuestro organismo. La homeopatía cuenta con medicamentos de efecto seguro contra el insomnio.
Pero además de estos remedios, también es importante tener un horario regular para levantarse y acostarse, además de procurar que el dormitorio esté aislado de luz y ruidos exteriores. Al final, debe procurarse tomar todo tipo de precauciones, para que dormir no sea un lujo y cada mañana podamos levantarnos, con las suficientes energías para aceptar el desafío de cada día.
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El trastorno del insomnio
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