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Los dulces: destruyendo mitos

La moda y la sociedad mediática nos induce a desterrar los dulces de nuestra dieta por razones de salud y para mantenernos en forma o estar dentro de los cánones de belleza. Pero a veces, esta prohibición puede resultar muy difícil de cumplir. Además, el azúcar debe estar en nuestros hábitos alimenticios en cualquiera de sus formas.

YOLANDA BARAMBIO / UNO-CONTENIDOS
Dulces
El azúcar debe estar en los hábitos alimenticios en cualquiera de sus formas.
Si hablamos de dulce, hablamos de azúcar, producto que fue empleado como medicamento hasta la Edad Media; su uso era muy elogiado porque se consideraba un producto sumamente nutritivo y fortificante. A partir de esta época se fue extendiendo su uso hasta llegar a nuestros días.

El problema puede venir cuando el azúcar se toma en medidas exageradas y se industrializa, porque excita demasiado las células, favoreciendo su rápido desgaste. En la fabricación del azúcar refinado se pierden propiedades que tenía cuando se extrae de la remolacha perdiendo los últimos alcalinos y sales nutritivas. Por otro lado, está el proceso de blanquear el azúcar, en el que se utilizan productos químicos que perjudican considerablemente los dientes y hacen que disminuya el apetito normal.

El azúcar tomado solo no contribuye a un aumento de peso, lo que crea dificultades con la báscula es que se toma acompañado de grasas, en forma de tortas, galletitas o helados. El azúcar es un simple hidrato de carbono que proporciona 4 calorías por gramo, mientras que la grasa proporciona 9 calorías por gramo. De manera que el dulce ingerido con moderación, no trae ningún peligro de sobrepeso y puede ser fácilmente incorporado a una dieta saludable, ya que aporta energía que siempre en las dosis adecuadas es beneficiosa para el organismo.

Otro mito que desterrar respecto a los dulces es que se piensa que producen mayor rendimiento para un esfuerzo físico considerable: según recientes investigaciones publicadas en la revista Swinmming World, los rápidos cambios de azúcar en el organismo hacen que se tengan movimientos lentos e impiden un rendimiento óptimo. Aunque la glucosa es una fuente de energía necesaria para el cuerpo, ha de consumirse en su tiempo y medida necesarios.

Es de creencia generalizada que la ingesta de dulces produce caries, misiva que esconde parte de verdad pero que no es del todo cierta, ya que lo más importante para evitar la aparición de esta infección bucal es mantener los dientes limpios después de cada comida, ya sea dulce o salada.

Edulcorantes, una alternativa relativa
Actualmente para mantenerse en el su peso ideal, mucha gente recurre a los edulcorantes para sustituir al azúcar. Medida que por un lado es eficaz, ya que aleja el sobrepeso, y por otro, puede tener los mismos efectos que el azúcar o los dulces. Pero en muchos casos pueden ser perjudiciales para la salud.

Por ejemplo, los edulcorantes producen también caries. Además, tal y como se afirma en un estudio realizado por la Universidad de Zaragoza, no sustituyen el deseo de ingerir azúcar porque no modifican la acción de los neurotransmisores cerebrales y no sólo favorecen la ingesta del dulce sino que también nos inducen hacia la de grasa, especialmente la sacarina, para compensación a la sensación necesaria de saciedad.

Los edulcorantes, siguiendo este estudio, también pueden producir diarreas y son un débil carcinógeno. De manera que no hay que rayar ninguno de los extremos. Los dulces son uno de los platos preferidos por la mayoría de las personas, sobre todo por su sabor, pero también son los productos adorados por la ansiedad que desencadena ser el fruto prohibido de dietas y regímenes bajos en calorías. Lo que puede inducir a tener una relación bulímica con el azúcar.

Lo ideal es mantenerse en la moderación y comer lo que el organismo nos pida, siempre teniendo en cuenta la pirámide básica nutricional y sabiendo que todo con moderación en una dieta puede estar permitido.