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Vitaminas: la fuente de la vida

Lo mejor es tomarlas en nuestra dieta diaria, ya que, por lo general, la dieta de España y más concretamente la Mediterránea es una dieta rica en vitaminas. Pero el estrés, las comidas rápidas y la adopción de dietas que no son las propias están haciéndonos perder muchas vitaminas y calidad en la alimentación. Por ello muchas personas las están tomando en fármacos, una actividad que prescrita por el médico es muy beneficiosa pero que de modo abusivo produce también graves trastornos.

RAQUEL BASCUÑANA / SCD PRESS
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La dieta mediterránea es rica en vitaminas.
Tanto su carencia como su abuso son malos. Son las sustancias más importantes para la vitalidad y la energía del cuerpo junto con las sales minerales, pero mucha gente no las utiliza en su dieta diaria.

El origen de las vitaminas
El origen de las vitaminas es muy peculiar ya que se descubrieron a causa de una enfermedad que afectaba a los marineros. En los tiempos de la navegación a vela, las travesías solían durar varios meses. Por ello, los veleros llevaban sus bodegas bien provistas de víveres; galletas, carne salada, pescado seco, alimentos todos ellos que se conservaban fácilmente. No faltaba pues alimento para la tripulación en las largas travesías que duraban meses y meses. Sin embargo, los marineros enfermaban de escorbuto, una misteriosa enfermedad que dejaba de aparecer en cuanto los marineros llegaban a puerto y comían cítricos. Esta constatación, hizo que, en 1795, la marina Británica empezara a suministrar limones y cítricos a su tripulación cuando salían de viaje. A partir de entonces ninguno de sus marineros enfermó de escorbuto. La conclusión era lógica: en los cítricos debía de haber alguna sustancia que faltaba en los otros alimentos y que era eficaz contra el escorbuto. A principios del siglo XX se le dio a esta sustancia el nombre de vitamina.

Posteriormente, se descubrieron otras vitaminas que el organismo necesita para realizar correctamente sus funciones. Desde finales del siglo XVI, se tenía la certeza de que, en general, los frutos ácidos, contenían una sustancia que evitaba la aparición del escorbuto. Esta sustancia, sin embargo, fue absolutamente desconocida hasta bien entrado el siglo XX. Es el ácido ascórbico o vitamina C. Sin embargo, la verdadera historia de las vitaminas empieza con los estudios del Dr. Eijkman (Nobel de medicina en 1929), sobre la influencia de la cáscara del arroz en la desaparición y prevención de una enfermedad nerviosa llamada beriberi.

Más adelante, en 1911, Casimiro Funk consiguió aislar una sustancia de la cutícula del arroz, demostrando que era la que curaba el beriberi. La llamó vitamina por considerar que era una amina, sustancia orgánica, realmente vital. Actualmente se la identifica como vitamina B1.

Las vitaminas son sustancias químicas de acción enzimática, imprescindibles en pequeñas cantidades para el funcionamiento de un organismo. Nuestro cuerpo no puede sintetizar estas sustancias, y por lo tanto, las debe adquirir mediante la alimentación, y de ahí su importancia. Las vitaminas que hoy se conocen son más de veinte, pero, sin duda, se conocerán más. Sus nombres se han ido asignando de una manera muy lógica. A cada vitamina que era descubierta se le asignaba una letra del alfabeto; A, B, C, D... , después se descubrió que en realidad muchas de ellas eran mezcla de otras vitaminas ya descubiertas, y las letras se asignaron a grupos de vitaminas: así el grupo B comprende muchas: B1, B2, B3, B6... hasta B12.

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