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Cómo tratar con un deprimido

La convivencia con una persona deprimida puede ser difícil, pues la mayoría de las veces no sabemos cómo ayudarles, y paradójicamente solemos actuar de la forma más errónea...

YOLANDA BARBERÁN / MUJERACTUAL
MujerPara empezar debemos considerar la depresión como una enfermedad o como una vivencia que ni el mismo deprimido puede explicar, por eso nunca deberemos interpelar al que la sufre con preguntas tipo: "¿qué es lo que te ocurre? ¿por qué te encuentras así? Algo debe haberte pasado..., ¡venga anímate!..."

Las personas que se encuentran deprimidas sienten tristeza, pena, congoja, amargura, desesperanza, culpabilidad, apatía, etc., sin que haya ocurrido nada que justifique tales sentimientos, es como sentir dentro de sí un gran vacío. Pero el razonamiento humano que siempre intenta buscar una razón para todo, incluso para justificar lo injustificable, lleva a buscar al deprimido un motivo para su estado, para justificarse ante sí mismo y ante los que le rodean, y las más de las veces lo encuentra, aunque éste en realidad sea falso.

Aquellos que rodean y quieren a la persona deprimida intentan consolarla a toda costa, lo que suele ser perjudicial, pues a la larga éstos acaban incluso enfadándose con el o la deprimida, mientras éste se siente cada vez más desesperado. Precisamente esto que acabamos de nombrar es lo que hay que evitar, el enfadarse con la persona deprimida, puesto que aumentaremos sus sentimientos de culpa, empeorando aún más la situación. Debemos recordar siempre que la depresión es una enfermedad, como ya hemos dicho, y por tanto, quien la sufre no esta así por gusto, ni depende de ella el salir de la misma, así que hagámosle un favor y no la amarguemos más con frasecitas como: "¡anímate! tienes que poner más de tu parte..., ¡arréglate! y sal a tomar un café, o al cine... " sin pensar que para el deprimido todo, absolutamente todo le parece un mundo, y precisamente al oír estas palabras es cuando más se sienten incomprendidos por cuantos les rodean. No es bueno forzar al deprimido a hacer algo que en realidad él no desea, lo mejor es dejarle en paz, así de claro y aunque nos duela, si acaso, podremos sugerirle pero ¡cuidado! siempre con tacto y sin forzar.

Las personas que rodean y quieren al deprimido suelen hallarse también destrozadas, pues padecen al ver sufrir a un ser querido, y a la vez, se sienten impotentes porque no saben qué hacer. Desde luego, existen reacciones muy variadas, porque los hay que se tornan egoístas y abandonan al deprimido a su propia suerte, mientras que otros se dedican a ellos en cuerpo y alma, con el amplio intermedio que esto supone. Y es que el deprimido en su desesperación pueden llegar a desesperar a quienes le rodean. La familia especialmente debe hacerse fuerte por el bien de todos y evitar cualquier pensamiento o sentimiento de culpabilidad para no caer a su vez en una especie de depresión reactiva. Lo mejor de todo será mantener la serenidad y no dejarse esclavizar nunca por la persona deprimida, hay que mostrarse cariñoso con ella pero sin agobiar, hay que lograr el equilibrio (aunque resulte difícil) para que no se sienta ni abandonada ni acosada, recordando que el deprimido siente la necesidad de estar muchos ratos solo consigo mismo, por lo que hay que estar muy alerta de las diversas etapas o variaciones que va sufriendo la depresión.

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  • Depresión sin tristeza