Lo cierto es que cuando muere una persona muy cercana a nosotros esto nos genera estrés, pues bien, para atravesar este síndrome de adaptación surge el denominado período de duelo.
El síntoma más característico tras la pérdida del ser querido y el más habitual es la tristeza, esto es algo perfectamente normal, siempre dentro de unos límites establecidos, pues una reacción excesivamente depresiva e intensa puede dar lugar a lo que se conoce con el nombre de duelo patológico.
Los pacientes de enfermedades terminales también sufren el proceso de duelo, pues sienten o sufren la vivencia de la perdida de sí mismos. El duelo atraviesa distintas fases desde que el individuo se entera de la enfermedad que padece hasta que la acepta o llega a su fin.
Fases del duelo
- Fase de negación
El paciente no admite la idea de la muerte, llegando a negar incluso la enfermedad diagnosticada por el médico.
- Fase de ira
El paciente admite la enfermedad, se da cuenta de que ésta avanza y no se cura. Es una fase de protesta y de resentimiento, el sujeto se pregunta ¿por qué ha tenido que tocarme a mi?. Se denomina fase de ira porque el paciente proyecta toda su ira en su entorno inmediato.
- Fase de negociación
El paciente ya ha aceptado la idea de la muerte y está dispuesto a cualquier cosa con tal de que su médico le ayude y le salve.
- Fase de depresión
Aparece cuando el paciente se da cuenta de que realmente se encuentra en la etapa final de su vida.
- Fase de aceptación
Suele aparecer al final de la vida, el paciente ya ha dejado de luchar, y aunque normalmente le acompaña un sentimiento de tristeza, también siente un inmenso deseo de paz y tranquilidad.
Estas son las cinco fases habituales del duelo, hay que mencionar que unas pueden ser más largas que otras e incluso existen pacientes o familiares que pueden saltarse alguna de ellas.
El duelo patológico
En líneas muy generales podemos decir que el proceso de duelo oscila entre dos meses y un año, un período superior de tiempo ya sería considerado como duelo patológico. Éste suele caracterizarse por los siguientes síntomas:
- Sentirse inútil y desamparado tras la perdida del ser querido.
- Sentirse culpable por la herencia recibida de la persona fallecida.
- Tener pensamientos obsesivos con la muerte, como deseos de morir.
- Tener experiencias alucinatorias con el fallecido, como sentir su voz o incluso ver su imagen (aunque sea de manera fugaz).
- Aferrarse a la idea de que la persona fallecida aún permanece entre los vivos de forma obsesiva y permanente, negando la realidad o no queriendo aceptar la idea de que el ser querido ha muerto.
Lamentablemente existen personas con tendencia a culpabilizarse inconscientemente y que reaccionan ante la pérdida con autoreproches excesivos e injustificados. En estos casos el duelo patológico puede prolongarse durante años, e incluso no llegar a concluir.