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Pero ante el miedo, podemos desarrollar todo nuestro potencial y optar por una alternativa más rentable: la apuesta por el talento, el cambio y la innovación. Para ello debemos estar dispuestos a romper las reglas del juego. Debemos tener la voluntad y flexibilidad suficientes para sopesar distintas soluciones, incluso aquellas que nos parecen más descabelladas porque no se ajustan a nuestro modelo de vida, porque a partir de ellas podemos encontrar nuestro camino. Se trata de romper con los esquemas que no nos están funcionando, y para ello hay que huir tanto de la compasión como del victimismo, aceptarnos y experimentar cosas nuevas que pueden ser buenas o malas pero en cualquier caso serán diferentes.
Lo mejor es no convertir las equivocaciones en complejos, sino en experiencias que nos permiten conocernos mejor y crecer como personas.
Gestión del miedo en el trabajo
Uno de los ámbitos en los que más situaciones de miedo se producen es el laboral. Son muchos los directivos que reconocen que en su empresa se fomenta el miedo para lograr objetivos, aunque son las empresas basadas en el talento las que obtienen mejores resultados de los empleados. Y es que la parte de cerebro que se activa cuando somos creativos o disfrutamos con nuestro trabajo es distinta a la que lo hace cuando tenemos miedo.
Cuando una persona ve en su empresa el medio de realización personal y encuentra en sus jefes el apoyo para ello, su vínculo con los objetivos se ven reforzados. Se trata de empresas que conocen los puntos fuertes y los débiles de la persona y saben inspirar confianza ante los retos.
En cambio, los jefes empeñados en atemorizar a sus subordinados, los convierten en empleados que no participan porque sienten temor de hablar y decir lo que piensan, desconfían de sus compañeros, rompen el sentimiento de grupo, y desarrollan una conducta de sumisión, insatisfacción e incluso anulación. En estas situaciones, uno de los problemas a resolver es la comunicación, porque muchas veces nos creemos que pasan cosas que en realidad no están pasando.
En cualquier caso es importante que sepamos protegernos y nos distanciemos de estas situaciones una vez detectadas. Ante una persona que nos presiona y genera miedo, lo mejor es enfrentarse a ella o tomar distancia, porque si no sentíamos miedo antes de hablar con ella, ¿porqué pasar por la desagradable experiencia de sentirlo después? No resulta conveniente estar cerca de alguien quien nos hace desconfiar de nuestras capacidades.