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La virtud de saber esperar

No hay nada más deplorable en una persona que la falta de voluntad para enfrentar sus responsabilidades, pero nada más admirable que la paciencia con la que espera para hacer frente a sus circunstancias.

JORGE MELÉNDREZ / LECTOR DE MUJERACTUAL
Cuentan que en cierta ocasión, un hombre llegó hasta la orilla de un lago y se sentó para ver y admirar el amanecer; cuando al poco tiempo, llegó otro hombre con una caña de pescar y después de un breve saludo, se dedicó por un buen rato a tratar de pescar algo. Pasaron las horas, y el hombre tiraba y tiraba su anzuelo en tanto que el primer hombre solo observaba y observaba cada uno de los movimientos que hacia para lanzar su anzuelo en busca de un pez. Después del medio día, el hombre con la caña de pescar prefirió retirarse pues todo parecía indicar que los peces se habían ido hacia otro sitio, sin embargo, antes de irse se despidió del hombre aquel que lo había observado durante casi 6 horas preguntándole:

- "Y a usted, señor, ¿le gusta mucho la pesca?"
- "¡No, no me gusta!", le contestó
- "¿Pero por qué, amigo, si es una buena distracción?"
- "¡Es que no tengo paciencia para pasarme tanto tiempo esperando a ver si el pez muerde el anzuelo!"

¡Gulp!. Pero lo peor de todo es que en nuestra historia, el impaciente estaba seguro de lo que decía, muy a pesar de que el otro no comprendió cabalmente el significado de su respuesta.

La paciencia es una de esas virtudes que ayudan a templar el carácter, pues es un estado anímico donde el individuo hace acopio de toda su fortaleza para enfrentar sus adversidades sin sufrir perturbación alguna; mientras que a contrario sensu, quién no es capaz de saber esperar y se acobarda ante situaciones adversas, es que no ha desarrollado a través de la voluntad, la virtud de la paciencia.

La paciencia es y debe de ser un acto cotidiano, debemos de practicarla día a día, pues es la única forma de cultivarla y engrandecerla. Es, como todas las virtudes, una poderosa arma contra la cobardía, lo que significa, de alguna manera, que es la esencia de la valerosidad.

Los hombres que saben ser pacientes, son de una sola pieza, no se intimidan fácilmente pues están seguros que tarde o temprano, con base en la perseverancia que los anima, lograrán el éxito en sus tareas cotidianas. Todo lo hacen con un ingrediente adicional, pues la paciencia no es una virtud que camina sola, la mayor de las veces siempre va acompañada de la capacidad de amar intensamente, siendo este el principal ingrediente para lograr su desarrollo. En sentido figurado, podemos decir que la paciencia es como una planta que se riega con amor y con ello se hace más grande y se fortalece.

Quienes abandonan la lucha pues parecen no tener tiempo para nada, son los pusilánimes, los carentes de ánimo para emprender acciones, son los que se acobardan antes de empezar a luchar y en consecuencia pierden la batalla. Son los que están vencidos de antemano, son los faltos de carácter que solo se dedican a medrar de los logros de los demás, pues no han sido enseñados para la lucha ante la vida; ¡ni siquiera la de supervivencia que es consustancial al ser humano!. Son, como decía José Ingenieros, "hombres faltos de carácter, mediocres por añadidura".

Los pusilánimes se identifican muy bien con los pesimistas, por sus venas corre una sangre cuya esencia es muy similar, es fría y sin color alguno. Son seres atormentados por su propia realidad, la que construyen paso a paso culpando a los demás de sus desgracias. No saben ni siquiera esperar su propia muerte y con frecuencia la provocan privándose la vida.

Saber esperar es una virtud de sabios y una cualidad de hombres de estirpe valerosa, la cobardía no existe en su diccionario cotidiano y lo más importante es que junto a la virtud cardinal de la paciencia, tienen la virtud teologal de la esperanza. ¿Y usted, es paciente?