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Jet-lag: atrapados en el tiempo

Falta de sueño, cansancio, confusión mental y trastornos alimentarios como gastritis o falta de apetito son los síntomas del jet-lag, una palabra americana que designa a un trastorno físico y mental producido por el cambio horario tras un viaje relativamente largo.

ANA PRAT / UNO CONTENIDOS
El anglicismo jet-lag se ha adaptado a nuestro idioma para definir una alteración de los periodos sueño-vigilia, que normalmente se manifiesta en viajeros que han realizado itinerarios entre dos ciudades con diferentes husos horarios. Los casos más frecuentes se presentan en viajeros que han realizado traslados transoceánicos entre ciudades con más de tres horas de diferencia.

Sin embargo, no siempre es necesario que se produzca un viaje para sufrir los síntomas del jet-lag. Algunos profesionales con empleos que les comunican con varios continentes a la vez (telefonistas, pilotos, etc.), son propensos a sufrir este trastorno del sueño.

El síndrome del jet-lag se manifiesta a través de tres síntomas diferentes. El primero de ellos es la desincronización externa. Este síntoma provoca que la persona que sufre el jet-lag no asimile el desplazamiento de las horas de comida y sueño respecto a los puntos de referencia que tenía fijados.

Por otro lado, esa desincronización externa produce una interna, que altera los ritmos circadianos de la persona. Después de una diferencia horaria de 6 horas, se necesitan un mínimo de 2 a 3 días para reajustar el ritmo de las temperaturas y varias semanas más para la adaptación de algunos ritmos hormonales. La falta de sueño es el último de los síntomas, que es provocado por el cansancio del viaje y actividades del paciente.

A causa de los tres síntomas mencionados anteriormente, pueden aparecer otros síntomas secundarios. Cambios de humor, irritabilidad, pérdida de concentración y de memoria y descensos en marcas deportivas son algunos de los más comunes.

La adaptación del paciente al nuevo horario depende de diversos factores. Por ejemplo, una persona joven es más propensa a adaptarse que una persona en edad madura. El número de husos horarios atravesados, la longitud del viaje y el estado de ánimo del viajero influyen también en el mayor o menor grado de afección del jet-lag.

Prevención
Para evitar este molesto trastorno que producen los cambios horarios, la prevención es una de las actuaciones esenciales. Muchos expertos aseguran que, para acostumbrarse al nuevo horario, es conveniente empezar a adaptarse uno o dos días antes de realizar el viaje. Así, comenzaríamos a adaptarnos paulatinamente y no se manifestarían los síntomas del jet-lag provocados por los cambios bruscos.

Otras formas de luchar contra el jet-lag son mantenerse activo físicamente, para aumentar el cansancio y prevenir la falta de sueño, o tomar cafeína y alimentos energéticos y calmantes.

Los remedios naturales son otra opción muy viable. Beber mucha agua, las infusiones relajantes, los masajes terapéuticos y no exigirse demasiado a uno mismo puede ser muy efectivo para evitar los síntomas de que antes hablábamos.

Escasas consecuencias
Al contrario de lo que muchos piensan, el jet-lag es una enfermedad molesta, pero inofensiva. Sus síntomas desaparecen a corto plazo y, con unos buenos cuidados, una buena alimentación y horas de sueño, no va dura más de un par de días. Tampoco se puede decir que el jet-lag sea responsable de patologías cardiovasculares. Los pocos estudios que tratan de esclarecer esta relación no tienen en cuenta los factores de alimentación u otros, como el tabaco, que intervienen en dichas patologías.

Una mala tolerancia a la diferencia horaria puede justificar que la persona que la padece tome fármacos para solucionar el problema. A corto plazo pueden solucionarse las dificultades para llevar a cabo las tareas habituales y, a largo plazo, para poner fin al cansancio crónico ligado a la diferencia horaria.

En casos en los que los fármacos sean necesarios, se puede solicitar un hipnótico de nueva generación, como el zoldipem o la zopiclona, aunque siempre hay que respetar escrupulosamente una serie de condiciones. En primer lugar, durante los tres días siguientes a la llegada se debe tomar una dosis mínima (de medio a un comprimido). El fármaco debe ingerirse en el momento de acostarse y en ningún caso media hora o una hora antes. Por último, recordar evitar tomar los hipnóticos en el avión, porque con ello se vulnerarían las normas de seguridad que se establecen en esta clase de vuelos largos.
 

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El jet-lag es un trastorno físico y mental producido por el cambio horario tras un viaje largo.

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