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ÁGATA SALA / UNO CONTENIDOS El reloj biológico de la especie humana, que marca el ritmo de nuestros días y noches, está genéticamente programado para ciento veinte años. La longevidad del ser humano depende del estado de salud de sus células y todas ellas contienen un reloj biológico. Éstas funcionan mientras el reloj está en marcha y siempre y cuando se mantengan sanas. En caso contrario, las células enferman, el reloj se bloquea y mueren. Factores como una alimentación inadecuada, el estrés, la polución ambiental o las infecciones dañan a las células, alterando su metabolismo. Por ello, la vida de las personas suele ser de unos ochenta años. La cronobiología es una nueva ciencia que postula que existe un reloj biológico interno que nos dicta una serie de pautas para llevar a cabo una vida más saludable. Así, según esta ciencia, la mañana sería el momento ideal para concentrarse, el mediodía para realizar tareas manuales y el final de la tarde para practicar deporte. Las alzas y bajas cíclicas del cuerpo son dirigidas por un reloj natural llamado núcleo supraquiasmático (NSQ), formado por un grupo de células nerviosas del hipotálamo, en la base del cerebro. Pero las células de todo el cuerpo también tienen su propia regulación. El reloj se localiza en el NSQ, pero éste es sólo el lugar donde el tiempo se almacena, ya que existen receptores de luz en la retina que envían información al NSQ. La glándula pineal también recibe información indirectamente del NSQ. Éste toma la información solar que la retina le envía, la interpreta y la envía a la glándula pineal que segrega la melatonina en respuesta. La luz que golpea el ojo causa la detención de la producción de esta hormona que juega un importante papel para inducir el sueño. La señal que reduce la secreción de la melatonina es transportada de la retina a través del nervio óptico al NSQ. Durante la noche, el cuerpo produce melatonina, en tanto la luz del día inhibe el proceso. Cuando no hay luz diurna, la melatonina sigue produciéndose en un ciclo que tiende a ser regular. Si el NSQ es destruido, el ciclo desaparece completamente. Las personas ignoran estas vibraciones naturales que dan color a sus vidas porque están sincronizadas con ellas. El estado de alerta y la concentración está en su punto máximo a primera hora de la mañana mientras que la capacidad de memorizar se encuentra en su mejor momento a lo largo de la mañana. El final del día es ideal para las actividades deportivas. La fatiga y la predisposición a accidentes es mayor en algunos momentos de la mañana. Pero el reloj biológico no depende necesariamente del ciclo de 24 horas de luz y oscuridad. Los ritmos de actividad son innatos y autosustentados, es decir, que pueden persistir en un medio con ausencia de los ciclos nocturnos y diurnos. En la década de los 60, Jürgen Aschoff mostró que voluntarios que vivían en un búnker aislado, sin luz natural, ni relojes, ni nada que marcara el paso de las horas, mantenían un ciclo de 25 horas aproximadamente. El ciclo humano de dormir-despertar es de un día. El ritmo circadiano es generado por un mecanismo interno sincronizado a los ciclos de luz y oscuridad en el medio ambiente. Sin embargo, y como ya hemos dicho, los agentes externos pueden ocasionar cambios. Transmitido por la madre
Esta idea ha sido desmentida por los trabajos de los científicos de laboratorio de biología molecular de Lyon y del Instituto de Genética y Biología Molecular de Estrasburgo, ambos del Centro Nacional Francés de Investigaciones Científicas (CNRS) Los científicos aseguran que, en realidad, el reloj empieza a funcionar en los primeros momentos de desarrollo del embrión. El reloj biológico o circadiano es pues, heredado de la madre y regulado en función del reloj materno. Este mecanismo regula el comportamiento de los organismos vivos, desde las bacterias hasta los mamíferos, y les permite anticipar las variaciones diarias de las condiciones del medio ambiente resultante de la rotación de la tierra. De este mecanismo dependen varias funciones fisiológicas. Todos los relojes estudiados utilizan genes particulares que internan entre sí para generar un oscilador molecular que controla otros genes, llamados objetivos.
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