Cuando acabó la exposición, nos puso como ejercicio la revisión de una serie de expresiones que aparecen en el actual Diccionario de la Real Academia Española.
Sólo con su exposición y con la realización de este ejercicio, llegué de nuevo a la conclusión de que a las mujeres se nos está engañando continua e históricamente.
Surgió el término androcentrismo y allá que nos fuimos a buscar la definición que venía en la edición digital y que transcribo literalmente: "androcentrismo. m. Visión del mundo y de las relaciones sociales centrada en el punto de vista masculino."
Y a partir de esta definición, ¿qué primera conclusión podemos extraer?, yo, al menos, que vivimos en una sociedad claramente androcéntrica. Y lo que entiendo que es peor, que esa cultura androcéntrica nos ha calado a hombres y a mujeres hasta la médula. Que la tenemos interiorizada hasta el punto de no plantearnos que otros tipos de sociedades también son posibles.
Y no me estoy refiriendo a las de tipo matriarcal, no. Esas, en el fondo, repiten el mismo esquema: vida pública=valor masculino; vida privada=valor femenino. Y eso ya no me sirve.
Me refiero a un tipo de sociedad, evidentemente todavía utópico, (pero para eso estamos las mujeres y hombres que creemos en la utopía) en la que la igualdad entre los géneros comience incluso antes del nacimiento. Una sociedad, en la que nada, excepto los hechos biológicos derivados de la maternidad, vengan predeterminados por el sexo con el que nacemos. Una sociedad donde la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres sea real y no como la que tenemos ahora, que no deja de ser puramente formal.
Es cierto que esto que planteo es una utopía. Lo sé. Pero seguramente también para las mujeres que nos precedieron, sería una utopía que hoy estemos incorporándonos poco a poco en todos los entramados sociales, políticos, sindicales, empresariales, etc., y aquí estamos. Nos está costando sangre, sudor y lágrimas, porque como todas sabemos no es nada fácil. Pero poco a poco estamos comenzando a "visibilizar" nuestra presencia en la sociedad, estamos dejando atrás "lo privado" como valor del mundo femenino para ir conquistando lentamente "lo público" como valor lo de lo masculino.
¿Con qué motivo? No con el que los hombres puedan pensar y que es el de "echarles" de sus propios espacios. No, no es eso. El motivo es bien simple, hacer más evidentes la dificultades que hombres y mujeres tenemos a la hora de entendernos.
Y lo siento, ya no me sirve el discurso que algunos utilizan en el sentido de que estamos educados por mujeres que son las que trasmiten un discurso machista a los hijos. Y no me sirve porque las mujeres también vivimos en este tipo de sociedad, en la que los valores predominantes son esos.