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La arquitectura bioclimática

La estética, el espacio, la comodidad o la localización han sido los aspectos que, tradicionalmente, se han tenido en cuenta a la hora de comprar o alquilar una vivienda. La observación de los factores bioclimáticos, como la temperatura o la humedad, constituye un dato importante en otra modalidad de construcción enfocada para aprovechar el clima y las condiciones del entorno.

CARLOS DÍAZ / UNO CONTENIDOS
Casa bioclimáticaEs la llamada arquitectura bioclimática que persigue un doble objetivo: incrementar el rendimiento energético y respetar el medio ambiente. El modelo más extendido es la arquitectura solar, que consiste en diseñar las viviendas para aprovechar la energía procedente del Sol. Las condiciones geográficas y climatológicas de España favorecen el aprovechamiento de esta energía y, hoy en día, ya existen cocinas solares, calentadores de agua y calefacciones que funcionan sin necesidad de instalar complejos sistemas mecánicos.

Se trata, tan solo, de jugar con el diseño y los elementos arquitectónicos para poder guardar el calor aunque las temperaturas exteriores sean muy frías, al mismo tiempo que es posible ahorrar un importante porcentaje en las facturas de la electricidad y el gas. Una superficie acristalada orientada hacia el sur sería, por ejemplo, un modo de conseguir un mayor confort térmico natural.

La aplicación de los principios bioclimáticos no supone que una casa de estas características sea más cara o más barata, más fea o más bonita, que una convencional. De hecho, el uso de estas técnicas no es nuevo, aunque lo cierto es que está poco extendido. Gran parte de la arquitectura tradicional se basa en tratar de aprovechar lo que ofrece el entorno natural. No es casualidad que en el norte de España los ventanales estén orientados hacia el sur ya que, al hacerlo de esta manera por la latitud en la que nos encontramos, es posible captar mayor energía solar: nuestra fuente de climatización natural en invierno.

Tampoco es casualidad que se utilicen ciertos materiales con determinadas propiedades térmicas, como la madera o el adobe, ni que las casas andaluzas estén encaladas. La orientación y ubicación de la vivienda, los materiales que se empleen y el diseño influyen tanto en el hacer del hogar un lugar acogedor como en salvaguardar el medio ambiente.

Las ventajas
Actualmente, la energía es escasa, su producción acarrea muchos problemas e incide negativamente en el desgaste del planeta, maltratado por el efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono, la lluvia ácida, además de la proliferación de incendios forestales, cuando no la tala indiscriminada de árboles.

Por ejemplo, la electricidad es una energía que, aunque aparentemente es limpia cuando llega a las viviendas, es "sucia" en su origen. Un gran porcentaje se produce quemando combustibles, como el petróleo, el carbón y el gas natural. En esa combustión se liberan gases, como el dióxido de carbono, causante del ya mencionado efecto invernadero, que produce el recalentamiento de la tierra, o los óxidos de nitrógeno, que generan la lluvia ácida, responsable de estar acabando con los bosques.

Otro porcentaje importante se produce en las centrales nucleares. El problema es de sobra conocido: los residuos radiactivos.

Una de las ventajas de este tipo de arquitectura es que reduce la energía consumida y, por tanto, colabora de forma importante en la reducción de los problemas ecológicos, además de conseguir una mayor armonía con la naturaleza. Otro punto a favor es su incidencia directa en la economía doméstica con el ahorro de dinero en las facturas.

Un estudio sobre este modelo de arquitectura señala que, hasta el momento, su uso no se ha extendido debido a un concepto de bienestar generalizado que se aplica a las viviendas. Un hogar, además de ser un lugar confortable, debe adaptarse a ciertos cánones establecidos que representan un símbolo de estatus y nivel de vida. Y el ahorro energético y el aprovechamiento del sol como recurso pueden no responder adecuadamente a ese modelo, dado que la publicidad se ha esforzado por asociar el ahorro con incomodidad y bajo nivel de vida, mientras que el consumo y el derroche aparecen ligados al buen vivir y al prestigio; un concepto que, gracias a las sucesivas campañas de concienciación medioambiental, parece estar cambiando.

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