Existen pautas de comportamiento para evitar ese desenfreno consumista que como decíamos no lleva necesariamente a la felicidad.
Una medida muy eficaz para vencer esas ansias de compra es intentar probarnos a nosotros mismos, ¿cómo? Muy fácil, intenta vivir con el salario mínimo que determina el estado, que representa el mínimo salario por debajo del cual no se puede subsistir, intenta pasar con ese sueldo durante dos o tres meses, viviendo de forma austera e intentado ahorrar al mismo tiempo. Es fácil ver cómo podemos desprendernos de cosas totalmente superfluas y que consideramos muy necesarias.
Consumir con razón, pensando qué compramos y de dónde proviene. Siempre escoge aquellos productos que se han fabricado por personas adultas que reciben un salario mínimo digno, nunca bajo ninguna circunstancia compres algo fabricado con mano de obra infantil por barato y tentador que resulte.
Hay que ser consciente de que las multinacionales se abastecen del trabajo de los pobres del Tercer Mundo para enriquecerse, productos elaborados por salarios irrisorios de los que se cobran precios astronómicos en el Primer Mundo. Antes de comprar entérate si la multinacional que comercializa los productos o alimentos que vas a consumir participa de inversiones en armas nucleares o vende leche de biberón para los bebés a países del Tercer Mundo a precios desorbitados.
Existen muchas organizaciones internacionales que venden productos bajo el lema de "comercio justo", estas organizaciones se encargan de hacer llegar a los agricultores o a las personas que elaboran los productos una parte digna de las ganancias. De esta forma podemos estar seguros de que comprando no favorecemos la explotación de ninguna persona.
Los más atrevidos o concienciados en este tema se proponen algunas medidas fáciles de secundar:
- No compres libros, hazte socio de una biblioteca y pídelos prestados.
- Abandona el coche particular a favor de los transportes públicos.
- No compres a crédito, paga al contado así te evitarás consumir desmesuradamente.
- Si tu trabajo está cerca de casa, come en ella cada día, si no puedes, llévate comida preparada.
- Si no tienes perjuicios higiénicos, compra ropa y muebles de segunda mano.
Uno de los mayores revolucionarios en este tema fue el gran Mahatma Gandhi, el cual vivió gran parte de su vida con un par de sandalias, un reloj y tres libros sagrados como toda propiedad, él promulgó en una de sus citas: "Debemos contentarnos con poseer pocas cosas, no hay que conservar nada que no sea absolutamente necesario para las necesidades; así si podemos pasar sin sillas, debemos hacerlo. Aquel que obedece este voto deberá preguntarse constantemente de qué manera simplificar su vida".