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Contaminación electromagnética: ¿una epidemia para el tercer milenio?

La contaminación electromagnética no es algo nuevo. A pesar de darse a conocer de manera cotidiana por la incorporación del hombre a hábitos tecnológicos hasta hace poco vinculados únicamente al sector empresarial, la polución producida por aparatos de alta tecnología es ya toda una ciencia. Su nombre es electrosmog.

JOSEFINA AGUILAR / UNO CONTENIDOS
Torre de alta tensión
Sus efectos se producen siempre que circule corriente eléctrica o que exista una diferencia de potencial que produzca esa circulación.
Sus efectos se producen siempre que circule corriente eléctrica o que exista una diferencia de potencial que produzca esa circulación. Por esta razón podemos decir que el ser humano está sometido a este daño de una manera real y constante en la actualidad, porque ¿quién no tiene cerca o maneja un aparato que responda a esta ley?

Los efectos nocivos del electrosmog no han sido comprobados de un modo fehaciente pero la inversión de tiempo y dinero que en la sociedad ha originado al respecto no son pocas. A esta dedicación hay que sumar la voz de una opinión pública que se debate entre el desconocimiento y la incertidumbre. Un habitante del siglo XXI que puede dudar de sus propios avances es sin duda una de las mayores paradojas que presenta una sociedad que se dice avanzada. Ya no es la energía nuclear ese monstruo que amenaza la estabilidad humana. Se trata de un pequeño juguete que forma parte de las sociedades más cívicas.

En este sentido, la OMS, Organización Mundial de la Salud, se ha visto obligada a desarrollar un proyecto que acalle o dé solución a estos efectos. Se trata por tanto de un estudio que responda a las inquietudes que se vienen produciendo respecto a la contaminación electromagnética debido a la gran cantidad, además de creciente, de fuentes emisoras de contaminación. En el ámbito de producción tecnológica, ya existen fabricantes de aparatos y dispositivos que están aportando soluciones para reducir la intensidad de la contaminación. Por otro lado, los expertos en la materia ofrecen medidas para disminuir el riesgo de influencia, pero es evidente que esta no es la solución. Ni disminuir el grado de polución, ni atajar caminos ofrece una sociedad segura ni aporta la seguridad que a una sociedad del III Milenio debería corresponder.

También es cierto que el conocimiento al respecto es tan reciente que aún se desconocen muchos datos que puedan aportar una verdadera salida al problema. Las más recientes investigaciones epidemiológicas hablan con desconcierto de la relación tiempo de exposición y daño. De hecho, las enfermedades que se achacan a las ondas electromagnéticas son todavía un misterio puesto que la comunidad científica carece de un periodo de observación a largo plazo como para sacar conclusiones que determinen que la tecnología es algo negativo para el hombre. Si fuera así, ¿qué elección tendría una humanidad del primer mundo, acostumbrada a la consecución de objetivos rápidos, a las más rápidas formas de comunicación o a los hábitos de vida más placenteros? ¿Si la decisión la tomara un Gobierno Internacional, sería el hombre un obstáculo para sí mismo, ofreciéndose como verdugo de su propia comodidad? O por el contrario, ¿silenciaría el estado una alarma por acallar el pánico y por mantener unos niveles económicos nada fáciles de disminuir si se quiere mantener una sociedad del bienestar, a pesar de que el factor sanidad se viera alterado por una inversión terapéutica nueva?

Sin duda, se trata de algo más que complejo que podría determinar la realidad de una sociedad nueva. Con nuevas enfermedades y nuevos tratamientos mucho más intangibles que los tratados hasta ahora. ¿Cómo comparar las epidemias de la peste e incluso las de SIDA, que hasta ahora era el reto más desafiante, con la epidemia de electrosmog? Porque lo que está claro es que si fuera cierta la relación entre ondas eléctricas y daños en la salud, las cifras de pacientes de todo tipo: crónicos y no, sería incalculable. Un difícil debate para una civilización que se debate entre la paradoja.

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