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La medicina juega siempre con el factor desconocimiento. Pero si la causa de las dolencias en este sentido fuera clara, la obligación que corresponde a nuestro avance sería la de prohibir cierta utilidad de aparatos electromagnéticos. Un disparate pero que analizado con frialdad es lo que el orden y la ley han regido desde siempre. Si las aguas fecales eran motivo de muertes por ingestión indebida, el desarrollo urbano debía ofrecer una canalización sana y segura. Si el uso de móviles produce tumores cerebrales a gran escala... La regla de tres parece obvia. Lo que no lo es la percepción de un Primer Mundo que se vea obligado a retroceder en su carrera hacia los grandes ¿avances? Por lo pronto, los estudios realizados en este periodo de tiempo breve para la ciencia parece indicar que sí. Que amplias muestras de población que se han sometido a pruebas epidemiológicas hablan de indicios más que razonables. A su vez, investigaciones en animales de laboratorio y tejidos celulares aprueban lo mismo.
¿Qué voz de mando tienen frente a este tipo de "virus sociales" las asociaciones que promueven sistemas de vida más saludables? Sin duda, aunque son una minoría, se introducen en la opinión pública reivindicando la salud frente al progreso. Sin ir más lejos, el 10 de enero de 2008 la asociación Ecologistas en Acción denunció el alarmante incremento de la contaminación fruto de las antenas de telefonía móvil. Su propuesta más grave la lanzaron con motivo de la caótica instalación de los receptores de comunicación en los diferentes entornos urbanos. Pero al mundo de la ecología se suman otros que apuntan de forma más certera sobre el posible mal. De esta manera, destacan asociaciones tan concretas como Plataforma Regional Pro Alejamiento de Antenas de Telefonía Móvil y Líneas de Alta Tensión de Murcia que, junto con la anteriormente citada, tuvieron un intercambio con el director general de Telecomunicaciones del Ministerio de Ciencia y Tecnología: Bernardo Pérez. El diálogo versó acerca de la preocupación de la contaminación.
La plataforma señaló con interés la inexistencia de una normativa preventiva y precautoria sobre telecomunicaciones y emisiones radioeléctricas aludiendo a "un aumento exponencial de los niveles de contaminación electromagnética que superan los recomendados por las conferencias internacionales de expertos". Pero estos datos serán, según sus indicios y deducciones, bajos si se tiene en cuenta la implantación de nuevas redes de telefonía móvil, como es el caso de UMTS. Algo agravante puesto que no se goza de una Ley Estatal sobre emplazamiento de infraestructuras. La solución que estas agrupaciones proponen abarca un plan de emplazamiento fuera de los cascos urbanos; la obligación de compartir espacio por parte de varias operadoras; un seguro de responsabilidad civil y un seguimiento de las instalaciones.
Un problema cotidiano
Nuevas medidas que corresponden a un problema que viene de lejos. Nada más y nada menos que hacia el año 1882, fecha en la que empezaron a instalarse los primeros sistemas de producción y distribución de energía eléctrica. El proceso de producción de contaminación electromagnética puede ser ionizante o no ionizante y los campos electromagnéticos que generan son de alta frecuencia: antenas de radio, televisión, radar, microondas, telefonía celular...; y de baja frecuencia: redes de electrificación o monitores de ordenador. Estos nombres remiten a la cotidianeidad con la que el trabajador o, sencillamente, el ama de casa, están expuestos de manera cotidiana a los posibles daños contaminantes. La conciencia social respecto a este peligro se dejó ver de la mano de El Medical Journal of Epidemiology en el año 1979. Fue aquí donde se ponía de manifiesto la vinculación entre los campos electromagnéticos y los casos de cáncer infantil. A partir de aquí, se fueron sucediendo los artículos informativos acerca del tema. En el 1992, el New Yorker fue el medio detonador de la polémica que nos llega en la actualidad. ¿Un objeto del poder mediático o una realidad sin manipular?
Por otra parte, el Instituto Tecnológico de Massachussets aporta una mirada más positiva. Tras analizar la situación llega a la conclusión de que los campos magnéticos generados por las líneas de transporte de energía eléctrica no son nocivos para la salud al no poderse establecer una relación directa entre causa (electrosmog) y efecto (salud humana).
A esta determinación se unieron más tarde entidades como la OMS, en el año 1984 y 87; el Ministerio de Salud de Australia, en el 1992; el Instituto Nacional de Salud y de Investigación Médica de Francia en el 1993; la Junta Nacional de Suecia para la Seguridad en Materia de Electricidad en el 1994 o la Academia de Ciencias de EEUU, en el año 1996.
Lo que sí es una certeza es que la sociedad actual se debate entre la elección de un nuevo modo de concebir el urbanismo y un desarrollo urbano contrario a la salud psíquica y física.