Humedales españoles

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España cuenta con cuarenta zonas húmedas declaradas de importancia internacional dentro del convenio de Ramsar, categoría que otorga la máxima figura de protección y conservación internacional. Estas zonas se enfrentan a un futuro incierto, ya que tienen graves problemas de gestión, principalmente por la presión turística y el desarrollo de las zonas costeras. |
CARMEN GARRIDO / UNO CONTENIDOS
Según los ecologistas, el vertido sistemático de todo tipo de residuos, su desecación con fines agrícolas y urbanísticos, la contaminación con plomo debido a la caza y la inexistencia del Inventario Nacional están llevando a las zonas húmedas y a muchas especies de fauna y flora al borde de su desaparición.
Los humedales desempeñan un papel clave en la purificación de las aguas, en la prevención de la erosión del suelo y en el control de las inundaciones, además de su valor económico para poblaciones locales. La explotación turística de estas zonas puede ayudar a concienciar a las poblaciones vecinas sobre la necesidad de conservar los humedales, ya que suponen una importante fuente de ingresos. Pero, al mismo tiempo, una explotación poco responsable y excesiva de las marismas acarrea serios riesgos para su continuidad.
Pese a su importancia, el 60% de las zonas húmedas españolas han desaparecido durante los últimos cien años, debido a que se utilizan con frecuencia como vertederos o son desecados para construir urbanizaciones o darles un uso agrícola.
La Albufera de Valencia
El Parque Natural de La Albufera de Valencia es una superficie de unas 3.000 Ha en la que se han ido asentando los sedimentos arrastrados por el río Turia a lo largo de los siglos para formar una zona húmeda con una gran variedad de hábitat: la restinga -una estrecha franja de playa con dunas móviles que la separa del mar-, el marjal -superficie del humedal que fue anegada con tierra, especialmente a partir del siglo XVIII, para convertirla en zona de cultivo, principalmente arrozales, huertas y naranjales-, el lago y las zonas de monte.
La principal peculiaridad de este Parque Natural radica en el hecho de que esta gran zona húmeda está formada por agua dulce, aunque se encuentra separada del mar por una estrechísima franja de tierra. La profundidad de sus aguas es escasa -unos ochenta centímetros, aunque en determinados puntos puede alcanzar los dos metros- y su lecho se compone de un limo muy fino y rico en materias orgánicas, que convierten la zona en lugar privilegiado para la agricultura y para la vida de una numerosas y variada fauna y flora.
Los cañaverales de sus márgenes son utilizados por un total de 27 especies de aves para reproducirse y anidar, entre las que destacan la gallineta común, el ánade azulón, tres tipos de garzas -la imperial, la bueyera y la garcilla cangrejera-, el somormujo o la cigüeñuela, de largas patas rojas y plumaje blanco y negro.
Las Tablas de Daimiel
A tan sólo 40 Km. de Ciudad Real, se encuentra una de las zonas lacustres más importantes de Europa. Pese a que en 1966 esta zona fue declarada reserva nacional y parque nacional en 1973, los cambios climáticos y económicos -derivados sobre todo de la explotación agrícola y del turismo- han ido reduciendo estas lagunas.
Los manchegos emplean el término "tablas" para denominar las lagunas de poca profundidad que se crean cuando el río se desborda en invierno. Con la llegada del calor del verano, la mayor parte de estos humedales se desecan dejando una superficie de fango, cubierta por los juncos y cañas que ocultan su fondo. Sólo las tablas de mayor profundidad consiguen sobrevivir a las altas temperaturas estivales y sirven de refugio a multitud de aves que esperan la llegada de las lluvias otoñales.
Las casi dos mil hectáreas de este parque nacional de las Tablas de Daimiel se alimentan del caudal que ofrece el río Guadiana, el Cigüela, el Zancares y el Riansares. El Guadiana es la principal fuente del parque; este río corre de modo subterráneo y su curso sólo puede adivinarse por los juncos que nacen sobre él.
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