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JAUME MONTOLIO / MUJERACTUAL Woods es la imagen de las fantasías de muchos padres con un hijo pequeño, que sueñan que el niño se convierte en un deportista rico y famoso. Pero cometen el error de pensar que es cuestión de suerte, de creer que los genios "nacen". Tiger Woods es la prueba de que para ser un genio no hace falta nacer siéndolo; de que un genio se puede "fabricar". Manual de instrucciones
Earl Woods decidió que su hijo Eldrick Woods (al que apodó "Tiger" en honor a un oficial survietnamita que le salvó la vida en dos ocasiones) debía destacar en el golf, el deporte que recompensa a sus estrellas con más generosidad. Aunque si nos gusta más el fútbol, el tenis o el baloncesto, también se puede aplicar el manual con unos pequeños ajustes imaginativos. En primer lugar se le debe lavar el cerebro al niño. Cuando Tiger tenía seis meses, su padre le sentaba en una trona, de manera tal que no pudiera dejar de mirarle y se pasaba horas practicando sus golpes de golf. Al cabo de unos días, el pequeño empezó a imitar los rítmicos swings de su padre. Su recompensa fue, a los siete meses, su primer palo de golf, un putter. El segundo paso es familiarizar al niño con las herramientas de su futuro oficio. Tiger le cogió cariño a su palo y, como premio, a los once meses su padre le regaló su segundo palo, un hierro. Para golpear una pelota de golf es necesario un equilibrio que un niño no suele adquirir hasta los 18 meses; en cuanto los cumplió, Earl empezó a llevarle al campo de prácticas a diario. Cuando tenía dos años, todas las tardes llamaba a su padre para pedirle que practicara con él. Tras unos momentos de indecisión, para hacerle creer que se iba a negar, acababa aceptando: "Gracias a la astucia y a la imaginación, siempre conseguía dejarle con ganas de más". La evolución deportiva
A los 15 años, Tiger se convirtió en el vencedor más joven de la historia del campeonato de juveniles aficionados de Estados Unidos; luego en el vencedor más joven del campeonato de adultos aficionados de Estados Unidos. En 1997, con 21 años, no sólo fue el campeón más joven de los 63 años de historia del Masters, sino que lo ganó batiendo el récord del recorrido y con el margen más amplio que jamás se había visto. El año pasado Tiger Woods ganó nueve de los trece torneos del circuito de golf profesional y se embolsó 6,6 millones de dólares en premios. En publicidad ganó algo más: 27 millones de dólares. Entre las compañías que le patrocinan están Nike, Rolex y American Express. Este año ya ha ganado varios torneos, igualando la gesta de Ben Hogan en 1953 -y que nadie más había logrado desde entonces- de ganar tres torneos del Grand Slam en un mismo año. Sus premios superan los 2 millones de dólares y, aunque no ganara nada más, los ingresos por publicidad no deberían ser inferiores a 40 millones de dólares.
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