Su mundialmente conocido, Grameen Bank concede microcréditos a los desheredados desde hace ya dos décadas. |
Su mundialmente conocido, Grameen Bank concede microcréditos a los desheredados desde hace ya dos décadas. Para ello no es necesario tener posesiones ni avales, basta con ser pobre. Esta es la historia del hombre que confió en las mujeres para revolucionar todo un pueblo.
A su vuelta de Estados Unidos graduado en Economía por la Universidad de Vanderbilt, Muhammad Yunus, más conocido como el banquero de los pobres, comenzó a dar clases en la Universidad de Chittagong. Allí no tardó en darse cuenta de que las lecciones de macroeconomía que impartía a sus alumnos eran demasiado teóricas. En aquel tiempo, más allá de las aulas se abría un mundo de desolación provocado por la hambruna que padeció Bangladesh en 1974 en la que murieron un millón y medio de personas. Esta situación es la que convenció a Yunus de que debía poner sus conocimientos al servicio de los más pobres.
Todo comenzó con un pequeño crédito de 27 dólares que concedió a 42 vecinos de Jobra, una aldea cercana a la Universidad. Aunque era muy poco dinero, se pusieron todos muy contentos. Eso le llevó a pensar que si una cantidad tan pequeña, les había proporcionado tanta alegría y tanta seguridad en sí mismos, valía la pena poner en práctica la idea a más escala. A partir de ahí comenzó un lento peregrinaje por diferentes bancos para presentar su proyecto.
Por supuesto a todos les parecía una auténtica locura hasta que por fin consiguió que le aceptasen el plan a cambio de ofrecerse él mismo como avalista. En esta ocasión se concedieron 34 créditos y los prestatarios cumplieron y los devolvieron. A partir de ahí se fue repitiendo la misma operación en otros pueblos y aldeas, hasta que Muhammad Yunus llegó al convencimiento de que había llegado la hora de poner en marcha él mismo su propio banco, el Grameen Bank, que abrió sus puertas en 1983.
El protagonismo de las mujeres
Hoy en día el Grameen Bank cuenta con 2,5 millones de prestatarios de los que el 95% son mujeres. Ya al principio, este economista se propuso como objetivo que el 50% de los prestatarios fueran ellas. Al principio, tuvo que luchar contra viento y marea para mantenerse firme en su postura, en una sociedad islámica. Incluso las reticencias venían del lado de las mismas mujeres que no se atrevían a dar el paso de solicitar un préstamo ya fuera por ignorancia, o por miedo a su marido.