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Pero Yunus, conocedor de las necesidades de sus vecinos, estaba convencido de que las mujeres pobres que conocía, estaban dotadas de un conocimiento excelente de la supervivencia que les ayudaba a manejarse con recursos mínimos para dar de comer a la familia, mantener la casa y administrar con eficacia esos préstamos. Más aún, los resultados de esta experiencia realizada con hombres fueron nefastos. Los hombres se gastaban el dinero en ellos mismos y no llegaba a sus familias.
Este principio de conceder créditos a las mujeres también ha traído consigo infinidad de problemas. Los fundamentalistas no quieren que las mujeres tengan dinero porque de esa manera se ganan también la libertad de ir y venir por la calle. Pero además saben que si las mujeres participan activamente en las elecciones como votantes o como candidatas, jamás les votarán a ellos porque los fundamentalistas no ofrecen nada positivo para las mujeres. De ahí que en las elecciones celebradas en Bangladesh en 1996, votaran más mujeres que hombres y 2000 mujeres paupérrimas, prestatarias del Grameen han salido elegidas como representantes municipales.
Basta con ser pobre
Pero la revolución social va más allá. Para conceder un crédito no se necesitan ni avales ni posesiones pero se ha de pedir el dinero junto a 4 personas más. Si uno de ellos no cumple, automáticamente se rescinde el contrato con los otros 4 prestatarios. Esta medida contribuye a establecer lazos de solidaridad y también contribuye a que el prestatario asuma su responsabilidad personal con respecto al grupo. Además existe un código de conducta de 16 puntos, que los empleados del Banco explican a los usuarios. Se trata fundamentalmente, de mandatos morales que no se imponen a nadie. Algunos de ellos consisten en tener familias de tamaño reducido, llevar los hijos a la escuela, no beber más que el agua canalizada o negarse a recibir o pagar dotes. Como se puede observar, algunos de estos principios están sentando las bases para una nueva sociedad.
El éxito del Grameen Bank se ha exportado a 68 países. Hoy existen más de 900 organizaciones en todo el mundo, desde bancos a ONG que imitan el sistema de microcréditos inventado por Yunus. Más de 22 millones de personas en el mundo se benefician de estos préstamos y sólo en Bangladesh, se ha conseguido sacar de la pobreza a un tercio de los 2,5 millones de prestatarios que no es poco si hablamos de uno de los países más pobres del mundo. Pero Muhammad Yunus trabaja con el firme propósito de reducir la pobreza a la mínima expresión. Buena muestra de ello es que el banco ha crecido de una manera tan espectacular que ahora configura ya un entramado de empresas que van desde la telefonía móvil, pasando por la energía o programas informáticos para los pobres.
Y todo ello, sin perder ni un ápice de integridad. Porque otra de las sorpresas que nos depara el Grameen Bank es que la corrupción brilla por su ausencia. Trabajan 13.000 empleados en el Banco que manejan dos millones de dólares, llevando a cuestas el dinero cada día. Y no hay corrupción.
A Yunus se le reconoce como el banquero de los pobres. Su iniciativa ha dado la vuelta al mundo y en 1998 consiguió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación y está propuesto para el premio Nobel de Economía. Pero más allá de los laureles, este hombre de pelo canoso y sonrisa amable ha conseguido lo que muchos creían un sueño. Mientras tanto, en los pueblos de Bangladesh donde antes sólo había desolación y miseria hoy reina la ilusión por comprar y vender verduras, por construir una casa aunque sea con un techo de hojalata o por comprar una vaca. Si hay buenas iniciativas, el ser humano no se resigna ante la pobreza.