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Los embarazos prematuros, muy ligados al matrimonio infantil, multiplican por cuatro el riesgo de muerte

Los embarazos en la adolescencia son una de las consecuencias más directas de los matrimonios infantiles, una práctica muy difundida en Asia Meridional y África Subsahariana. Aunque el cuerpo de una niña es capaz de producir óvulos, su cuerpo no está desarrollado para la gestación, de modo que el embarazo implica siempre un alto riesgo.

TERESA JIMÉNEZ / FUNDACIÓN INTERVIDA
Adolescente mirando un test de embarazoMás de 500.000 mujeres mueren cada año por causas relacionadas con el embarazo. Para las adolescentes de 15 a 19 años, las probabilidades de morir debido al embarazo son cuatro veces superiores a las de las jóvenes que ya han cumplido 20 años. En India y Bangladesh, el 30% y el 47% -respectivamente- de las jóvenes tienen un hijo antes los 18 años. Ésta es una de las consecuencias más tremendas de los llamados "matrimonios infantiles", una práctica muy difundida en Asia Meridional y África Subsahariana.

En los países donde los hijos son considerados una inversión de futuro y las hijas una carga económica, el matrimonio infantil es visto por las familias más desfavorecidas como una oportunidad de librarse de una boca más que alimentar. Además, las chicas deben aportar una dote para casarse, cantidad que va aumentando a medida que se hacen mayores. Por ello, las niñas son presionadas fuertemente para contraer matrimonio pronto y empezar a procrear cuanto antes.

Existe una relación muy directa entre el matrimonio infantil, los embarazos prematuros y el bajo nivel educacional. Una vez casadas, las adolescentes abandonan la escuela y pierden todo contacto con chicas de su edad o personas ajenas a su familia. Con frecuencia, necesitan el permiso de su marido u otros miembros de su familia para acudir a los servicios de salud y, en todo caso, casi nunca disponen de los medios para pagarlos. Por otro lado, el embarazo adolescente implica siempre un alto riesgo para la salud, pues, aunque el cuerpo de una niña es capaz de producir óvulos y éstos ser fecundados, su cuerpo no está desarrollado para asumir el proceso de gestación. Entre otros problemas, las jóvenes embarazadas muestran una elevada tendencia a hipertensión y a los partos prematuros. A esto hay que añadir que sus hijos suelen nacer con menos peso y que éste baja a medida que la madre es más joven.

El matrimonio infantil infringe varios derechos garantizados por la "Convención sobre los Derechos del Niño", tales como el derecho a la educación, el derecho a la salud, o a no ser separados de su familia contra su voluntad. Sin acceso a la educación, las niñas se ven privadas de los conocimientos necesarios para mejorar su situación. Distintos estudios demuestran que las madres que han recibido una educación suelen tener familias más pequeñas, con niños más sanos y mejor educados. Por término medio, las mujeres que han recibido educación durante más de 7 años se casan 4 años más tarde y tienen un número de hijos 2,2 veces menor que las que han acudido a la escuela menos de 7 años. Además, la educación tiene una incidencia directa también sobre los chicos, que crecen aprendiendo a respetar a sus compañeras y rompiendo la creencia de que son ciudadanas de segunda.

En Bangladesh, la legislación prohíbe explícitamente el matrimonio infantil, pero aún así es una práctica a la que recurren con frecuencia las familias más necesitadas. Muchos hombres buscan esposa en los slums (barriadas marginales) a cambio de alimentos y ropa para sus padres. En menos de un año, cuando la chica se queda embarazada, la abandonan sin más, ya que la boda no consta en ningún tipo de registro notarial. Las chicas más vulnerables a esta situación son las jóvenes entre 16 y 17 años, a las que a menudo repudia también la propia familia.