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Algunos comentarios sobre globalización y género

Se habla mucho de globalización, pero poco del impacto específico sobre las mujeres trabajadoras y asalariadas. Al mismo tiempo, la globalización, es en si misma discriminatoria y marginadora y empeora la situación relativa de las mujeres en todos los países del mundo.

ÁNGELS MARTÍNEZ I CASTELLS / TREBALLADORA
MujerLa mundialización o globalización es la forma actual que ha tomado el capitalismo en nuestros días, con el predominio de las instituciones financieras y las nuevas tecnologías. Si ya el capitalismo, desde sus orígenes, ha sido parcial y discriminador para las mujeres y sus actividades, no se puede esperar de la globalización una mejora relativa. Más bien al contrario, son numerosos los estudios que demuestran, con todo rigor y seriedad, cómo ha empeorado la condición de las mujeres en todo el planeta con las nuevas condiciones económicas y laborales.

La economía de la globalización niega el necesario protagonismo de las personas. Se habla de las oscilaciones de la Bolsa, las inversiones de las grandes empresas, flujos monetarios, tasas de inflación y tipos de cambio, pero parece que nada de todo esto tenga que ver con el derecho de todas las personas en edad de trabajar de una actividad digna y estable, o a cobrar un subsidio suficiente en caso de paro. Y sobretodo a unas condiciones de vida que permitan el pleno desarrollo de la personalidad, a un tiempo libre reparador y culturalmente rico, y a la armonización de la vida cotidiana con la recuperación visible y reconocida de las tareas no mercantilizadas y a una mejor distribución de las tareas del hogar entre todos los que conviven.

La globalización ha empeorado la distribución de la renta entre hombres y mujeres hasta el punto de que ya es reconocido, sobretodo en las grandes ciudades, lo que se conoce como "feminización de la pobreza"; ha consagrado la duplicación de la doble jornada para las mujeres que intentan hacer compatible el trabajo remunerado y el no remunerado; ha intentado "vender" como la mejor solución el trabajo parcial para las mujeres, que implica, juntamente con la servidumbre del trabajo asalariado, la burla de unos ingresos insuficientes para una vida autónoma; y consagrando como bienes económicos supremos los "comercializables" frente los bienes y servicios públicos y colectivos, ha dejado sin trabajo a muchas mujeres que trabajaban en el sector público y que han contribuido así también, con su sacrificio cívico y personal, al supremo objetivo del déficit cero.

Bajo la coartada de la globalización, ha sobrevenido un hecho común que los salarios más bajos de cada país los cobren las mujeres de esos países, y los salarios más bajos del mundo los cobren las mujeres de los países más pobres. Esto, por no hablar de las penosas condiciones laborales de las empresas que, muy atentas a los designios de la globalización, producen exclusivamente para exportar de las zonas francas de los países hundidos por la deuda, sin normativas laborales ni derechos sindicales de ningún tipo.

En los últimos años se ha constatado que cuando las mujeres han comenzado a ser mayoría en determinadas profesiones -o en segmentos determinados- los sueldos han bajado y se han incrementado sustancialmente los beneficios empresariales. Igualmente sintomática es la feminización del teletrabajo, que, en el caso de las mujeres, ha hecho simultaneo del trabajo doméstico con el remunerado... El incremento de los riesgos, de la inseguridad, de la jornada laboral, la imposibilidad de asegurar que no participan niñas y niños, en resumen, el incremento de la explotación y el deterioro de la vida cotidiana y familiar también es una característica laboral de la globalización.

La globalización nace en el contexto de la desaparición de la "competencia entre bloques", crisis de la deuda externa de muchos países en vías de desarrollo, imposición de políticas neoliberales que dan preferencia el crecimiento a cualquier precio hasta la crisis ecológica más grave sufrida hasta ahora. Se da prioridad a la producción de bienes "comercializables" delante de los bienes y servicios públicos que son, al mismo tiempo, conquistas de la ciudadanía y también elementos fundamentales para paliar la desintegración social y la destrucción de la convivencia.

El ideario político neoliberal da apoyo al "Estado de mínimos", que recorta ocupación en el sector público, privatiza empresas y servicios, y amenaza la sanidad y la educación pública y de calidad. Pero estas medidas restrictivas también tienen un impacto diferenciado por género. La dificultad para encontrar una nueva ocupación es superior en el caso de las mujeres, especialmente a partir de una determinada edad.

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